¿Sería capaz de una hazaña como la que ha protagonizado la nadadora Diana Nyad? Difícilmente, porque la natación no es mi especialidad, ni está en mi lista de sueños. Sin embargo, su experiencia revela hasta dónde podemos llegar los seres humanos cuando perseveramos en nuestras ideas.

 

Diana Nyad no consiguió la meta en varios intentos previos entre las costas de Cuba y Florida. Pero esta vez sí pudo. Sufrió más de lo que imaginaba: arribó a Cayo Hueso con los labios inflamados y la piel marcada por el sol. Físicamente agotada.

 

Diana es la primera persona que ha podido recorrer a nado los 177 kilómetros, sin una jaula de protección contra tiburones. ¡Una proeza, a sus 64 años de edad!

 

Nada más llegar a tierra, Diana ratificó sus lemas de vida: “Nunca, nunca, debemos darnos por derrotados”, “nunca somos demasiado viejos para lograr nuestros sueños” y la natación “parece un deporte en solitario, pero es una labor de equipo”.

 

¡Cuánta sabiduría en unas pocas palabras! Tales historias de vida refuerzan las ideas que siempre he defendido sobre los sueños, la perseverancia y el liderazgo.

 

Tras cumplir 44 años el pasado sábado, 20 menos que la gran nadadora, vuelvo sobre mis propósitos y ratifico las grandes avenidas proyectadas como el mejor camino para el éxito. Cualquier edad es óptima para soñar, para mantener vivo el espíritu de aprendizaje.

 

Diana, consciente de la suya, ha anunciado su retiro de los océanos, pero no de la natación. Hay grandeza incluso en el reacomodo. Medir fuerzas es importante para evitar frustraciones. Pero siguen presentes el gran sueño, la pasión por nadar y por vencer obstáculos.

 

Así deberíamos enfrentar el día a día. Nadar, vencer la corriente, arribar al otro lado, con fuerza y tesón frente a las adversidades, es la mejor metáfora para estos tiempos.