La Navidad es la fiesta de los niños. Como los niños, La Navidad también simboliza el valor de la pureza. Los más pequeños suelen ser los más puros y como consecuencia de ello experimentan una paz natural donde nada los preocupa, un amor que emana a borbotones de sus poros y un gozo espontáneo que no tiene explicación cuando viven con carencias.  La Navidad -para los cristianos– es la fiesta de la paz, la pureza, el gozo  y el amor por antonomasia.

El protagonista de esta hermosa celebración cristiana nos pidió que fuéramos como niños a fin de tener una relación más íntima con El: “Dejen que los niños vengan a Mí , porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos“… y hoy más que nunca antes, quienes decimos creer en Jesús como Hijo de Dios y Redentor de la humanidad, tenemos que actuar con la pureza, la paz, el gozo y el amor de un niño inocente.

Cuando pensamos, sentimos y vivimos con la pureza del corazón de un niño experimentamos la paz que sobrepasa todo entendimiento en medio del caos, un gozo inexplicable aún en las circunstancias más difíciles y un amor que nunca muere. En las preciosas Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, Jesús dijo “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios“…¿Creen ustedes que los que viven en presencia de Dios tienen mayores probabilidades de experimentar la pureza de corazón, la paz, el gozo y el amor? ¿No será entonces que gran parte de nuestras desgracias son causadas por un alto grado de desconexión de La Fuente de todo aquello que es bueno, digno, noble y puro?

Muchos de ustedes pensarán que mi propuesta es ilusa. Se preguntarán quién puede disfrutar de tanta dicha en el convulsionado mundo de hoy… Mi respuesta será categórica: Aquéllos que están conectados a La Fuente Suprema del amor, la paz, el gozo y la pureza. Pero la conexión tiene que ser directa y permanente.  Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en Mí, como yo en él, dará mucho fruto; pero separados de Mí no pueden hacer nada.” Son palabras del mismo Jesús quien también dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas“.

Un valioso testimonio de que el gozo en medio de la tribulación es posible nos lo dio el apóstol Pablo cuando escribió  Estén gozosos siempre gozosos” y “Regocíjense en el Señor siempre” desde la pocilga en la que estaba encarcelado. El gozo del Señor que es nuestra fortaleza -al que se refiere el profeta Nehemías- le enseñó a Paulo de Tarso la fórmula de la felicidad: “He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación“.

Y algo similar ocurre con la paz cristiana. La calma, el sosiego, el dominio propio no vienen de nuestras propias cualidades sino de La Fuente a la que estamos conectados:  el Príncipe de Paz. “Mi paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tengan miedo“. ¿Llegas a la Navidad agobiado, con pesadumbre y desaliento? Tal vez te convenga escuchar la promesa de La Fuente y conectarte a ella: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar“.

¿Y qué decir sobre el amor? Lo vengo estudiando por años y sólo sé que lo poco o mucho que sé sobre el tema lo he aprendido, primero y ante todo, de La Fuente. “El que no ama, no ha conocido a Dios…porque Dios es amor“. El apóstol Juan no habla aquí de un amor etéreo, idílico o fantasioso. “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Cristo: El que ama a Dios, ame también a su hermano“, nos recuerda el discípulo que estuvo al lado de María a los pies de la cruz.

Esta Navidad escoge brillar con la luz que solamente Dios puede traer a tu vida. Conéctate a La Fuente en oración para que se haga la luz en tu conducta diaria. Purifícate. VUELVE A SER NIÑO. Aférrate a la vid para dar fruto. Conoce al Príncipe de Paz para experimentar paz interior. Acércate a Dios para amar como El ama. Lee Su Palabra en busca de sabiduría. Ten fe, confía y descansa en El. Permanece en Su presencia y descubrirás en qué consiste la felicidad.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.