¡Pareciera que a todos nos encanta la preocupación! Es de los recursos más utilizados de todos los tiempos ¡y es tan inútil!

Han escuchado la frase: “Si lo puedes resolver, ¿de qué te preocupas?  Y si no lo puedes resolver, ¿de qué te preocupas?” ¡A mí me encanta!

Si tuviéramos que definir preocupación yo lo escribiría en el diccionario como acción inútil de pensar en lo que no es cierto, ¿fea definición?

Los reto a que piensen ahora en algo que les preocupa. Puede ser muy fuerte o una tontería. Algo que viene desde hace mucho tiempo o que en este instante surgió ¿Ya?

Ahora les haré varias preguntas con respecto a ese pensamiento:

¿Está pasando ahora, ahora? ¿En este mismo instante?

El hecho que estés preocupado ¿ayuda en algo? ¿Tus pensamientos preocupantes resuelven la situación?

Estoy segura que para todas las respuestas dijiste un “NO”

En una plática, una señora de 60 años me decía: “es que yo me preocupo por amor, mi hija me preocupa porque la amo. Ella siente que la va a dejar el novio y me preocupa que se vaya a deprimir. No han tenido una buena relación últimamente”. Entonces le apliqué las preguntas. Ella se rió! “¡No! ¡Para nada!”

Y es que amigos, parece que somos adictos a la preocupación ¿Cómo puede ser que mi vida sea tan fácil? Porque si ponemos atención a nuestros pensamientos preocupantes ¡Suelen ser fatales! Donde la situación “voy 5 minutos tarde para el trabajo” se vuelve “hoy me despiden y entonces mi familia no comerá, tendré que sacar a mis hijos del colegio y todos se burlarán de ellos. Entonces se volverán delincuentes y ¿qué voy a hacer yo cuando los visite en la cárcel?” ¡Una tortura!

Los pensamientos preocupantes son adictivos, necesitamos más dosis de ellos cada vez. Hemos malinterpretado y mal relacionado el amor, la empatía,  la importancia… con la preocupación.

Hemos escuchado decir que los pensamientos son como nubes. Pasan, pero nunca dejarán de pasar. Pero podemos elegir: engancharnos a ellos y seguir recetándonos más dosis de lo mismo; o bien solo los detectamos, respiramos profundo y al cuestionarlos los dejamos pasar, dándonos cuenta que la gran mayoría de ellos no son reales.

Está comprobado que mientras estamos “preocupados” no podemos pensar claramente. Así que si una situación necesita de nuestra atención para resolverse, actuemos y ¡no nos preocupemos! Para ser útiles en nuestra vida y en la vida de los demás, para demostrar el amor que le tenemos y que nos tenemos, para disfrutar nuestra vida al máximo debemos aprender a dejar la adicción a la preocupación.

@TutiFurlan

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.