Por DIANA JARAMILLO, columnista invitada

Aunque parezca extraño, todas nuestras relaciones son una especie de espejos. Algo que reside en nosotros se refleja en el otro. Tanto lo que nos gusta, como lo que no. El otro juega inconscientemente un papel de maestro, mostrándonos justo lo que necesitamos reconocer, sanar, ajustar o ver de una manera amorosa.

Cuando ocurre un conflicto con la pareja, o ella hace algo que nos disgusta, nos sentimos atacados y parece como si nos estuviera apretando nuestros botones rojos a propósito. Estos botones representan aspectos sensibles que están por sanar. Sin embargo, como nos pertenecen, debemos hacernos cargo de ellos, y no nuestra pareja.

Si decidimos ver la relación de pareja desde una perspectiva de crecimiento y evolución personal, comprenderemos que cuando salta un botón rojo solo se nos está presentando una oportunidad para sanar algo que ya estaba pendiente en nuestra ruta de aprendizaje.

Al comenzar el viaje de autoconocimiento y profundizar en él, iremos cada vez más reconectando con nuestra Guía Interior; esa sabiduría innata que vive en nosotros. A partir de ahí, nos podremos observar con desapego y estar más atentos a lo que la relación de pareja nos está intentando mostrar acerca de nosotros mismos.

Es gracias a la visión clara de nuestro sabio Ser que tendremos una nueva perspectiva para reconocer las oportunidades de aprendizaje que nos ofrece la relación de pareja y avanzar proactivamente en la escalera de evolución que esta relación nos brinda.

En el momento en el que comenzamos a necesitar que el otro nos haga sentir bien, entregamos nuestro poder. Le adjudicamos a nuestra pareja el rol de ser nuestro proveedor de felicidad. Como este rol no le pertenece, y además es insostenible, tarde o temprano nuestra pareja lo dejará caer.

Pedimos, y muchas veces le exigimos al otro, el amor que nos negamos a nosotros mismos.

Si creamos una relación ilusoria basada en la idea de que nuestra felicidad depende del otro, estableceremos expectativas que no se podrán cumplir y nos garantizaremos frustraciones, disgustos y desilusiones.

Es solo retomando la conexión con nosotros mismos que volveremos a tomar responsabilidad por nuestra vida, nuestra felicidad, y manifestaremos una relación de pareja donde podemos crecer, compartir y disfrutar.

Al aprender a amarnos primero a nosotros, podremos verdaderamente extender y vivir el amor real. El momento para amarnos ocurre siempre aquí y ahora. ¡Solo nosotros lo podemos elegir!

* Cortesía de Diana Jaramillo. La opinión de los columnistas invitados no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.