Cuando estamos en un régimen para lograr un objetivo específico con el cuerpo, tarde o temprano llega la ansiedad, para intentar apoderarse de nosotros y sabotear cualquier esfuerzo. Aunque no existen fórmulas mágicas para hacer que desaparezca, esta puede ser controlada con sencillas modificaciones en la alimentación.

– Reduce el azúcar: Mientras más alimentos dulces comas, más necesidad tendrás de ese sabor. Por lo general, los alimentos dulces no aportan nutrientes ni te ofrecen saciedad, solo te provocan comerlo cada vez más sin parar.

– Toma agua: Muchas veces la sed se confunde con el hambre; toma siempre un vaso de agua antes de las comidas, y de 2 a 3 litros diarios.

– Come 5-6 veces al día: Hacer 3 comidas principales, más 2-3meriendas, te mantendrán lleno sin necesidad de querer pecar con algún alimento no permitido. Además, si te saltas alguna comida o dejas de comer, engordarás y, al darte hambre, comerás de más.

– Ejercítate 3-5veces a la semana: Aparte de los múltiples beneficios que ya sabemos que nos aporta la actividad física, también es excelente para controlar la ansiedad. Liberas endorfinas, distraes la mente (muy importante) y te mantiene enfocado en tus objetivos.

– Desayuna: Proteína más carbohidrato complejo; cuando te levantas, tu cuerpo viene de un largo ayuno. Omitir el desayuno hace que tu metabolismo funcione muy lentamente y sientas gran necesidad de comer al final del día.

– Toma infusiones naturales: Té de manzanilla, té verde, valeriana o té rojo ayudan a controlar las ansias por consumir alimentos dulces.

– Elimina tentaciones: Limpia tu despensa, desaparece los alimentos pecaminosos. Cuando vayas al supermercado, solo compra alimentos saludables, cambia los dulces por frutas o gelatinas sin azúcar.

– Duerme: Cuando descansas, aumenta la producción de leptina (hormona que le dice al cerebro cuando tu cuerpo está satisfecho). Si no duermes bien, estarás estresado, nervioso, de malhumor y, por lo general, querrás combatir todo eso con comida.

* Cortesía del entrenador José Fernández. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.