Conozco a varias personas que se movilizan en sillas de ruedas. Cada día cuestiono más la definición de “discapacitados”. Muchas de ellas están muy capacitadas para un sinfín de cosas, sobre todo para no verse a sí mismas con límites, a la hora de alcanzar los objetivos de la vida.

Uno de ellos, JC Pérez, es un atleta guatemalteco de alto rendimiento. Ha inventado carreras de hasta 200 km en su silla de ruedas, ha escalado volcanes utilizando sus brazos para impulsarse y es altamente conocido en maratones y carreras del país; además de lucir siempre una sonrisa amplia y sincera. Realiza todas estas cosas con el fin de patrocinar a niños de escasos recursos. ¡Extraordinario! Conozco a otro que es locutor de radio y animador de promociones ambulantes, con un sentido del humor envidiable y ganas de contagiar la “buena vibra”.

Conozco a un abogado notable, a varios atletas exitosos, bailarines, músicos, diseñadores, en fin… Personas con distintas historias de cómo cambió su movilidad o alguna de sus características físicas. Lo menos que diría de ellos es que “perdieron su vida”. ¡Su nivel de resiliencia es extraordinario!

Recientemente, mi esposo tenía una reunión con JC a la hora del almuerzo. Así que cuando mis chicas me preguntaron por papá, a medio día, les respondí que estaría almorzando con JC. “¿Se acuerdan de JC, chicas?”, les pregunté. Y ambas sin dudarlo respondieron: “Sí, mami… JC es el amigo que escala volcanes”. ¡Amé su respuesta!

Además, encontré una conferencia en TED, donde una mujer “discapacitada” cuestiona duramente nuestro concepto de las personas con alguna discapacidad, sea la que sea. Me encantó su punto. Fue entonces cuando me hizo mayor sentido la respuesta honesta de mis hijas: “JC es nuestro amigo que escala volcanes”. Eso es lo admirable para ellas, porque no todo el mundo realiza esta actividad.

Nosotros, como adultos, entendemos que la forma en que JC escala es inusual y difícil. Pero, aprendí de la conferencista y de mis hijas que lo admirable no es que él esté, desde hace treinta y tantos años, en una silla de ruedas. Hay muchas cosas más que admirarle, que lo definen mejor. JC está utilizando su cuerpo para lograr lo que desea, lo que le apasiona, lo que lo llama en la vida, lo que le hace mantener esa extraordinaria sonrisa. Él es “JC, el amigo que escala montañas”.

Ojalá esta historia ayude a cambiar la forma en que nos vemos; porque todos, absolutamente todos, somos discapacitados en algo —más o menos visible—, pero lo somos. Y sería maravilloso que nos admiráramos unos a otros por cómo explotamos los grandes regalos que Dios nos ha dado; aprendiendo, aceptando y aprovechándolos. Para ello, todos estamos altamente capacitados.

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.