“La salud depende de estar en armonía con nuestras almas” Esta atrapante frase que encierra tanta verdad pertenece al médico inglés creador del sistema floral de Bach. Ya sea que trate de Flores de Bach, Homeopatía, Reiki, Terapia de regresiones, Feng Shui, Aromaterapia, etc, estamos hablando de medicina no convencional.

La medicina convencional trata los síntomas de las enfermedades con el fin de paliarlos, aliviar de ese modo al enfermo, busca resolver el problema que está a la vista “atacando” lo que ve, que es la manifestación de la patología. De algún modo va “en contra” de la situación, si hay fiebre damos un antifebril, si hay inflamación un anti inflamatorio, si hay hipertensión, un anti hipertensivo será la solución! La solución???

La verdad es que no, pues solo estamos resolviendo el síntoma. La única y definitiva solución tiene que ver con buscar la causa de la enfermedad. Pasándolo en limpio, la medicina convencional es de gran utilidad para aliviar los síntomas e imprescindible en casos en donde se requiere una intervención quirúrgica, por ejemplo; solo que no nos brinda la sanación, nada nos asegura que el problema no regrese, porque no se ocupa de encontrar la causa del mismo.

Podríamos decir que es un virus? Una bacteria? Pero qué hace que en medio de una epidemia algunos individuos se contagien y otros no?

El término Holístico se refiere a lo integral, la medicina holística trata una persona desde el punto de vista global, y esto implica no dejar de lado ningún aspecto, se tiene en cuenta el cuerpo físico, el cuerpo mental y además se conversa con quien padece, acerca de las emociones que posee y hasta como se relaciona con lo espiritual, para, de este modo, tratar de no perder de vista ningún patrón. El fundamento de esto es que no hay nada físico que no provenga de una emoción negativa que lo esté generando. Encontrar el “caldo de cultivo” que propicia el contagio de una enfermedad es esencial para eliminarlo y de ese modo, la dolencia no volverá.

Es imprescindible lograr una total empatía, quien escucha debe desidentificarse y ponerse en el lugar de la otra persona. Una consulta holística debe ser un encuentro de “Alma a Alma”, en donde la entrega por parte del consultante sumado al deseo de ayudar por parte del terapeuta logren la conjunción perfecta para llegar a un óptimo resultado.

Dentro de “Terapias Holísticas” incluimos los términos “complementarias” y/o “alternativas”. Personalmente siempre sugiero que usemos el término complementarias, ya que suena más armónico, decir que usamos medicina convencional y “complementamos” con medicina natural es mucho más agradable a nuestros oídos. Sin embargo la “alternativa” pareciera que obligara a elegir entre una u otra, y eso no es lo más conveniente ya que en general, luego de una evaluación, lo mejor suele ser tratar al paciente con ambas, convencional y complementaria.

Todos tenemos derecho a ser tratados como personas completas, y no solo por nuestro brazo, nuestro hígado, o lo que fuese. Debemos ver como sufre el que sufre y que no hay enfermedades, sino enfermos, con lo cual, es necesario enfocarnos en cada individuo particularmente y ver, sentir, percibir que es lo que necesita. Luego, a partir de allí, desde el amor y el respeto, guiarlos hacia su propio proceso curativo, ya que como dijo Albert Schweitzer

“Cada paciente lleva su propio doctor dentro de sí. Lo mejor que podemos hacer es dar al doctor que reside dentro     de     cada     paciente   la oportunidad de entrar en acción.”

Los terapeutas somos educadores, facilitadores del camino que debe realizar el enfermo, quien debe tomar absoluta consciencia y responsabilidad de su proceso.

Sin su predisposición no lograremos la sanación ya que esta es el resultado de la completa consciencia del enfermo acerca de su malestar, eso es lo que activa su propia capacidad curativa.

Lograr unir ciencia y Alma es la clave, si logramos integrarlas llegaremos al mejor de los resultados: la Sanación!


 * Cortesía de Viviana Bergmann, La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.