Pensar en una desventaja como una ventaja puede sonarte contradictorio. Pero, tal como propone Malcolm Gladwell en su libro David y Goliath, con frecuencia subestimamos el beneficio que aporta la desventaja.

Gladwell lo explica analizando la historia bíblica de David y Goliat desde un punto de vista diferente. Desde su perspectiva, el tamaño muy inferior de David, su falta de armadura protectora, armas pesadas y entrenamiento (lo que históricamente se interpretó como una desventaja) fueron la razón por la cual ganó el combate. Es decir, no lo ganó a pesar de ser mucho más pequeño que Goliat. Lo ganó porque era más pequeño y ágil y porque tenía otras destrezas que Goliat no esperaba de un contrincante con quien iba a sostener un combate cuerpo a cuerpo.

David no era soldado de infantería como Goliat. Era un niño pastor acostumbrado a usar una honda para defender su rebaño de fieras depredadoras. Por lo tanto, no llevaba una pesada armadura que le limitaba los movimientos y lo lentificaba, y no ocupaba sus manos con escudo, lanza y espada. Solo cargaba una honda y cinco piedras en una bolsita.

Con un diestro piedrazo en la frente, David terminó con la vida del gigante, a quien le cortó la cabeza con su propia espada.

Nos hemos pasado siglos usando la historia como ejemplo de que en ocasiones el más desventajado puede vencer o superar al más aventajado (el más débil al más fuerte, el más pobre al más rico), cuando las estadísticas muestran que esto ocurre con mucha más frecuencia de la que creemos.

Es hora de revisar nuestra idea de lo que es una desventaja. Es simple justificar que lo que no te sale bien ocurre porque tienes una desventaja. No tienes dinero, no tienes la educación o los contactos de tu competidor; no tienes el título adecuado; vives en el país equivocado. ¿Qué pasaría si tomas esa aparente desventaja y la dejas que te oriente hacia una solución a las que otros, sin esa desventaja, no llegarían?

Por ejemplo, tu aparente desventaja es que vives en un país donde la economía está quebrada, es difícil conseguir trabajo y todo se hace cuesta arriba. Al observar tu situación te das cuenta de que tu moneda está tan devaluada que tus precios son atractivos en el exterior. ¿Puedes usar plataformas de comercio electrónico como Freelance.com, Outsource.com o Alibaba.com para vender tu producto o servicio fuera de tu país?

O, considerando la misma aparente desventaja de vivir en un país económicamente deprimido, ¿puedes conectar a varios emprendedores que están tan frustrados como tú y crear una cooperativa donde se use el canje como forma de pago? De esa manera podrán ofrecerse el apoyo logístico, estratégico, tecnológico y emocional necesario para que logren despegar todos juntos.

O supón que estás interesado en dirigir un proyecto nuevo en tu trabajo y la otra persona que están considerando para el puesto tiene mucha más experiencia. En lugar de ver tu falta de experiencia como una desventaja, la aprovechas para enfocarte en desarrollar buenas relaciones con aquellos con quienes deberás trabajar en el proyecto en cuestión. Al hacerlo, compartes tu punto de vista único, tu gran creatividad y lo sociable que eres. En otras palabras, demuestras con hechos el gran valor que aportarías a ese grupo. De pronto, tu falta de experiencia ya no es relevante porque el equipo se siente cómodo contigo y con lo que traes a la mesa.

Puedes leer este artículo y decir: “Sí, es fácil decirlo, pero no siempre la desventaja se puede dar vuelta”. Es cierto, hay situaciones de las que no saldrás ganando. Pero siempre obtendrás más beneficios al usar tu desventaja como fuerza propulsora para salir adelante, que permitirle que determine un futuro en el que no seas feliz.

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GQI-MarielaDabbah

* Cortesía de Mariela Dabbah. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.