Como explico en mi más reciente libro al rescate de tu comunicación de pareja, es muy fácil adoptar la tendencia a comunicarnos con nuestra pareja bajo un enfoque crítico, con constantes imposiciones de los puntos de vista propios, sin dejar margen para los del otro, sin escuchar, sin practicar la empatía, sin adaptar nuestros mensajes a nuestro interlocutor, adoptando un tono desagradable, donde tanto el contenido como la forma del mensaje son inadecuados. Esta es la comunicación tóxica, poco saludable, que indudablemente destruye nuestra relación amorosa.

Hay 2 tipos de comunicación tóxica que pueden ser practicados por un solo miembro de la pareja o por ambos a la vez, con la posibilidad de crear con el tiempo –de participar ambos- una verdadera batalla campal.

  • Comunicación absolutista-inflexible

Es una forma de comunicación basada en el pensamiento rígido, en la que imponemos nuestro propio criterio a la otra persona. Recurre con frecuencia al “porque lo digo yo”. Las personas que utilizan el tipo de comunicación absolutista creen que su punto de vista es el mejor, que siempre tienen la razón y la impondrán por encima de todo. Su objetivo a la hora de discutir no va a ser alcanzar la solución del problema, solo será “vencer al otro” dando igual en qué y para qué. Y, ciertamente, en esa batalla verbal no ganará nadie.

Veamos dos ejemplos de frases referidas a la puntualidad que conllevan mensajes muy diferentes, el primero tóxico y el segundo saludable:

-“Tendrías que llegar puntual alguna vez en tu vida”

-“Me gustaría que llegaras puntual, por favor”.

Si nos fijamos bien, la primera frase implica que la acción es algo impuesto, que tiene que hacerse por obligación e incluye una acusación tipo ataque. En la segunda frase hacemos público nuestro deseo a manera de pedido, siendo más fácil que el otro lo reciba bien, sin que se ponga a la defensiva.

  • Comunicación conflictiva-pesimista

Este tipo de comunicación se basa en la selección de la crítica y la queja como medios para dar a conocer a la pareja sus deficiencias, defectos o carencias. A la hora de expresar sus opiniones, los comunicadores pesimistas valorarán enormemente los aspectos negativos de la situación y pasarán por alto los positivos.

También hay en ellos una tendencia a hacer énfasis en la discrepancia para fomentar la discusión sobre cualquier tema. Adoptan la postura defensiva que acrecienta el conflicto y suelen creer que la mejor defensa es el ataque. Se caracteriza por la visión túnel que resalta lo que falta, lo que sobra o lo que no está bien.

Ejemplos de este tipo de comunicación son frases como:

-“Todo te sale mal”

-“Nunca haces nada bien”

-“Eres el peor marido del mundo”

Una manera saludable de expresar disconformidad sin atacar al otro, y sin adoptar la postura conflictiva-pesimista, sería usar frases como éstas:

-“Hoy te quedó un poco salada la comida, pero ayer la cena estuvo muy rica”

-“Esta vez no diste en el clavo pero confío que lo harás la próxima”

-“Tienes defectos y virtudes como yo y como todo el mundo…no te preocupes…sé que no lo hiciste con mala intención…”

Y como todo en la vida, comunicar desde cualquiera de los dos estilos tóxicos o de sus opuestos saludables supone una decisión, una opción a tu alcance. Es como elegir entre la muerte y la vida. Sí, porque está en juego la supervivencia de tu relación. De ti depende.

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.