Los recientes atentados en Francia o Túnez, horribles y espantosos, nos hace preguntarnos en qué mundo vivimos hoy y que hace que estas cosas sucedan en un mundo donde se supone caminamos hacia otro lado.

Seguramente las explicaciones tienen que ver con las estructuras de poder que quedan muy lejos de mi conocimiento y que me aterroriza solo pensar en las redes que pueden estar ocultas en su explicación.

No debiéramos ver esto como algo lejano sino que independiente de la globalización todos somos afectados por estas situaciones y basta con mirar los tres chilenos que partieron en este acto y que sus familias tendrán que aprender a caminar con ese nuevo dolor en sus vidas, un abrazo para ellos y ellas. A cualquiera le puede pasar algo así en los tiempos que corren.

Sumemos a esto, todos los cambios climáticos y todos los problemas que la naturaleza nos ha traído, llevándose a muchos seres humanos este último tiempo, donde obviamente todos somos responsables de aquello al maltratar un planeta que en pos del mal llamado desarrollo económico no hemos sabido cuidar.

La corrupción y la posibilidad de conocerla públicamente y la sensación de desconfianza generalizada nos llevan a una sensación emocional de una fragilidad que hoy es compartida por mucha gente.

Esa sensación de fragilidad se está convirtiendo en algo compartido por mucha gente y que nos coloca frente a un tema que debiera ser muy asumido por todos: el tema de la fragilidad de la vida y por lo tanto de la muerte.

La vida es una enfermedad terminal y seguramente si tuviéramos conciencia de aquello seriamos seguramente mejores personas y cuidaríamos mejor el presente, lo gozaríamos más, nos amaríamos más y seriamos más agradecidos.

Muy poco de lo que acabo de mencionar lo podemos controlar los ciudadanos como nosotros que no nos movemos en las estructuras de poder, pero si tenemos el deber de usar nuestro mínimo o máximo espacio de elección para aportar todos los días a que este mundo sea un lugar mejor para vivir.

Creo que dada la vulnerabilidad manifiesta del mundo hoy en la que la globalización aporta y suma en agudizar el miedo, estamos invitados a desarrollar la oportunidad de aprender a disfrutar del presente, a amar y decir que amamos todos los días y poder agradecer desde el estar vivos hasta las cosas simples de lo cotidiano.

Quien tiene conciencia de muerte, aprendió a disfrutar de la vida, y siempre esta medianamente lista o listo para la partida.

Andar ligero de equipaje y con la sensación de poco peso en el corazón para estar siempre preparados para la única certeza que tenemos: nos vamos a morir todos y no sabemos cómo ni dónde. Debemos estar preparados viviendo bien la vida hoy y creo que estamos muy lejos de aquello.

Conversábamos con unos amigos que quienes despertamos al día siguiente de lo de Francia, debiéramos haber abierto un vino para celebrar la vida.

Esto no excusa asumir nuestros dolores, no existe el ser humano sin problemas y hay que aprender a disfrutar del presente con ellos y no esperar a que pasen para desarrollarla, esto no ocurrirá jamás.

Me parece imperioso e importante desarrollar conciencia de muerte, me parece fundamental empezar cotidianamente a disfrutar y agradecer la vida.