Cuenta Charles Chaplin que siendo apenas un adolescente, aún cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando que comer para vivir, ya se consideraba el actor más grande del mundo. Su historia nos deja una sentencia irrefutable: “Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso”. Dios quiere que tengamos planes grandes, retos de excelencia, Dios quiere que confíes en ti.

Chaplin confió absolutamente en sí mismo, incluso en los momentos más difíciles de su vida, por eso disfrutó el éxito. Quienes poseen la virtud de la autoconfianza se distinguen por su optimismo y por la pasión a la hora de emprender un empeño. No temen cometer errores porque obran con la certeza de poder rectificarlos a tiempo. La mayoría de nosotros, como dice Rick Warren en su libro “Liderazgo con Propósito”, “nos fijamos unas metas demasiado bajas y tratamos de llegar a ellas con demasiada rapidez. Dios nos pide que soñemos en grande y vayamos despacio.”

Cuando se confía en si mismo, se vive con la convicción de que todos los esfuerzos en pos de un sueño son posibles y valen la pena. Son personas que se caracterizan por su fuerte autoestima y, por lo tanto, consiguen con relativa facilidad la confianza de sus semejantes. ¡Como el amor engendra amor, la confianza engendra confianza!

Vivimos en un mundo que cambia constantemente y nosotros cambiamos con él. Muchas veces tenemos que enfrentar cambios que nos obligan a desprendernos de patrones que han marcado nuestra existencia: patrones familiares, sociales, geográficos y hasta filosóficos. Solo aceptando el cambio crecemos.

A la hora de enfrentar esos cambios, imprescindibles para nuestro mejoramiento como seres humanos, tenemos que echar garra a cierta dosis de valentía, pero sucede que la valentía no encuentra terreno de cultivo dentro de un ser vacilante, irresoluto, todo lo contrario. El valor es sobreponerse al temor, no su ausencia como muchos piensan. Los líderes también temen pero vencen los temores y actúan ante ellos, no se inmovilizan por el miedo.

Cuando analizamos a una persona con sueños sin calar, llegamos a la conclusión de que está dominada por una aprensión ancestral a enfrentar la vida. Está corroída por la peor de las dudas, la que inmoviliza y enmudece. Los sueños entonces, devienen en espejismos, se tornan confusos, y la oportunidad de alcanzar la verdadera felicidad se desvanece porque el éxito comienza a divisarse como parte de otra galaxia.

Confiar en sí mismo no quiere decir que alguna vez no dudemos, quiere decir que estamos dispuestos a despejar todas las dudas que aparezcan en el camino, que estamos preparados para aprender de ellas y que nunca nos dejaremos arrastrar por sus malas influencias.

Una persona con seguridad en sí misma y en su visión, no titubea a la hora de tomar una decisión, es responsable de sus acciones, enfrenta los obstáculos con coraje y mantiene su alma en paz porque obra siempre con la mejor voluntad y talento. No necesita de artimañas para llegar a la cúspide. Su faena, aunque asume un interés individual, traspasa sus límites e influye de manera positiva en sus semejantes. Todos somos líderes porque liderazgo es influencia.

Quien confía en sí, lleva consigo los rasgos de un verdadero líder, tiene la etiqueta de vencedor, está listo para las mayores conquistas.

¡Siempre confía en ti!

Dios es amor… Hágase el milagro… A calar sueños HOY.