La mejor metáfora para describir la situación del cantante Justin Bieber es una cuerda tensa, muy tensa, sometida a un test de difícil pronóstico. Pero, si las consecuencias de la autodestrucción casi siempre pueden preverse, ¿por qué algunos ignoran tales evidencias?

No me sorprende la vida extrema del ídolo pop canadiense. Los roces constantes con el peligro, el aburrimiento crónico y el escándalo como hobby son conductas a veces habituales en el mundo del espectáculo, pero también en otros sectores.

A los 19 años, cualquier joven promedio estudia o trabaja, está pensando en cuestiones elementales de supervivencia, entre ellas terminar una carrera u oficio, progresar, independizarse económicamente, enamorarse y empezar a construir futuro. Sin embargo, ¿qué pasa cuando a tan corta edad ya tenemos todos los problemas resueltos?

Tener dinero no es un pecado. Alcanzar el progreso material por la vía del trabajo, el esfuerzo y la dedicación, es cualquier cosa menos un problema. Pero lidiar satisfactoriamente con el éxito depende siempre de varios factores, entre ellos la familia, la educación, la madurez personal y el entorno. No es fácil gestionar una gran fortuna económica, sobre todo si ésta sobreviene en un abrir y cerrar de ojos. En estos casos siempre es decisiva la inteligencia emocional. Sobran ejemplos de multimillonarios que lograron su éxito con diversas velocidades, pero valoran y protegen lo alcanzado. No los vemos arriesgar sus vidas cada semana. Todo lo contrario.

Que a tan corta edad solo nos estimule la transgresión de las normas o necesitemos retar a Dios —permanentemente— para sentirnos vivos, plantea unas interrogantes difíciles de contestar. Saltarse etapas y acelerar indiscriminadamente la existencia es participar en una lotería de resultados imprevisibles.

La vida es un aprendizaje eterno y debemos gestionar adecuadamente cualquier riqueza. Sobre todo, la más importante, la espiritual, y prepararnos para alcanzar los objetivos planteados. Una vida sostenible solo se consigue dosificando las fuerzas, con el combustible de la autosuperación, el crecimiento personal y el equilibrio de la mente. Hay demasiados problemas en el mundo, mucha gente a la que ayudar, miles de situaciones en las que podemos involucrarnos. No hay tiempo ni justificación para aburrirse.

Foto: Stephen Poff