¡Métete en tus asuntos! ¡no te metas en mi vida! Suena a adolescente, ¿verdad? Esas frase encierra una gran verdad y una de las claves para poder encontrar nuestra paz y por lo tanto, nuestra felicidad.

No digo que con gritarle a la gente y somatar puertas vamos a encontrar la felicidad, no. Me refiero a que muchísimas de nuestras inquietudes, nuestras preocupaciones y en resumen a lo que llamamos “problemas” tienen que ver en gran parte por ese error que, sin querer, cometemos y es ¡meternos en lo que no es nuestro asunto!

He estado leyendo a Byron Katie, autora del libro “Loving what is” o Amando lo que es y ella comparte que uno de los problemas más comunes es que no distinguimos las 3 clase de asuntos que hay y son los siguientes:

-Mi asunto

-Su asunto

-Y el asunto de Dios

Todo lo que está en mis manos, en mis pensamientos, en mis sentimientos, en mis acciones.. ¡todo lo que sale de mi y que yo genero, es mi asunto!

Todo lo que el otro piense, siente, decide, ¡es su asunto! Pero esto no quiere decir que no me importa.  Que algo sea su asunto y no mío quiere decir: que yo no puedo ejercer control, que no tengo poder sobre eso que el otro genera y por lo tanto lo más sano para mi es respetarlo y aceptarlo como suyo y no mío.

Y todo lo que ni los demás ni yo tenemos control ni poder sobre eso es ¡asunto de Dios! Hay una frase que me encanta: ‘Es lo que Es’.

Termine con mi pareja y quiero que él se quede con un buen recuerdo de nuestra relación, porque yo fui buena con él.  Asunto ¿de quién es pensar desde su cabecita que yo soy buena?  ¡De él!  Pero nos martirizamos y sufrimos porque nos enteramos que él habló de lo mal que lo paso conmigo. Asunto ¿de quién es hablar desde su boquita de como la paso conmigo? ¡De él! Eso no lo puedo controlar, no puedo y no podré controlar ¿Para qué sufro por algo que el debe decidir, pensar o sentir?  Si al fin y al cabo ¡pensará, sentirá y hablará lo que el quiera!

Ahora, ¿qué es lo que si puedo controlar yo? ¿cuál si es mi asunto?  ¡Mis sentimientos, mis pensamientos, mis palabras y mis acciones!

Si mi hija esta enferma, yo lo catalogaría como asunto de Dios, no me voy a pelear con lo que es ¡porque la que pierde soy yo!  Me voy a ocupar de mis asuntos con respecto a esa situación. La llevare al doctor, la cuidare, le daré su medicina, la amaré y consentiré mucho… ¡Ese es mi asunto!  Y si ella está de mal humor y se siente mal, aceptare que ese es su asunto. Más bien, le haré mejor si yo me controlo, si yo estoy en paz ¿Me siguen?

Todo lo que podemos hacer ante una situación es reconocer cual es nuestro asunto en ella y decidir encargarnos de ello o no ¡Al final ese es nuestro asunto!

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Tuti Furlán. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.