Sin dudas, tomar decisiones es de vital importancia en la vida. Un líder es un individuo que ve más allá que los demás, que ve más y antes, pero fundamentalmente es una persona que decide.

La calidad de toda decisión depende en gran parte de las alternativas que dispone el que tiene que decidir. Cualquier decisión está atada a los recursos. Una frase que realmente me cautivo cuando la leí por primera vez es que “la vida consiste en jugar bien con la mano que nos ha tocado, y eso lo determinan nuestras decisiones”. ¡Nada más cierto! Las decisiones y los recursos que tenemos para decidir van de la mano!

Hay una mala percepción entre las personas que no son líderes que el liderazgo tiene que ver con la posición, los beneficios y el poder que surgen cuando estamos en el tope de una empresa, organización o incluso la familia. Se confunde mucho el liderazgo con el “status” dentro de un organigrama. Pero en definitiva es mas que eso. Si hay algo de lo que trata el liderazgo, por no decir casi una condición necesaria, es la toma de decisiones.

No siempre es fácil decidir, pero a veces no nos queda otra. Para superar el hábito de no tomar decisiones hagamos un ejercicio simple; empecemos con el siguiente problema al que nos enfrentemos y tomemos una decisión. Siempre la decisión por lograr el éxito es más importante que cualquier otra cosa. Eso sí, sepamos de antemano que los errores son parte del juego. Del error se aprendo, pero ¡debemos decidir!

Goethe, el gran filósofo alemán, decía que hay una verdad elemental cuya ignorancia mata innumerables ideas y esplendidos planes: en el momento en el que uno se compromete de verdad, es decir “se decide”, la providencia también lo hace. Toda clase de cosas comienzan a ocurrir para ayudar a esa persona, cosas que sin su previo compromiso y decisión jamás habrían ocurrido. Todo un caudal de sucesos se pone en marcha con aquella decisión, ayudándole por medio de incidentes inesperados, encuentros “casuales”, ayudas materiales, etc. “La audacia tiene genio, poder y magia” decía.

En relación a esto, una decisión, cuando es acertada, empieza a ser nuestro mejor amigo, porque muchas veces es la única deferencia entre ganar y perder.

Una primera buena decisión, seguida de una segunda, tercera, genera “impulso” que es otro de los mejores amigos que podemos hacer. A veces se suele identificar esto como “racha”. Y la racha genera nuevamente impulso para otra decisión y otra y otra hasta empezar a generar “mística”. Y cuando esto sucede ¡prepárense para la bueno!

Uno ya no se preocupa por los pequeños problemas y muchos de los grandes parecen resolverse por si solos. Una vez que el líder crea triunfo y desarrolla impulso en su carrera, equipo, etc., las personas le dan más. El impulso, que al fin y al cabo se genero por una primera decisión, puede hasta exagerar el éxito de un líder. Pero ¡mejor así!

Porque esto fortalece al liderazgo y eso se transmite a nuestro entorno el será motivado e inspirado a desempeñarse en niveles mas altos. Hasta las personas promedio pueden desempeñarse mas allá de lo que pensamos.

Y esta confianza hacia nosotros mismos, esos primeros éxitos logrados con el impulso a partir de decisiones, empiezan a giran en ciclos y la mística se fortalece. La confianza se deriva del éxito y genera más éxito, en tanto que el éxito a su vez genera confianza.

Y todo empezó con una sola palabra: ¡decisión!

* La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.