Siempre digo en mis talleres de presentaciones de alto impacto: “Les tengo una mala noticia: el pánico escénico nunca se quita”. Luego les doy la mejor noticia: “Usted sí puede controlarlo”. Acto seguido, les entrego una “caja de herramientas” comunicacionales, prácticas y sencillas, para lograrlo. Estas se encuentran bien descritas en el libro Habilidades de comunicación hablada.

Sin embargo, les tengo una noticia nueva y positiva: los temores para comunicarse y el pánico escénico se pueden vencer con facilidad si sabemos detectar y trabajar el efecto que causamos en las personas.

Es evidente que el pánico entra cuando nos sentimos inseguros de ese efecto que vamos a generar. Pensamos que no seremos capaces y lo que más nos bloquea es el temor al ridículo, al “qué pensarán de mí”. Pero, cuando tengo claro que el efecto que causo es magnífico, puesto que logré empoderarlo y maximizarlo, entonces puedo vencer a esos gigantes del temor y sacarlos corriendo de mi zona de influencia.

Para llegar al drástico y notable cambio —de lo pusilánime al alto impacto—, la tarea es: primero, reconocer los errores y vicios de nuestra comunicación. Luego, entender que, por encima de lo que piensen de usted, lo importante es el efecto que puede causar en las personas para persuadirlas y extender así su mensaje.

El secreto es entonces encontrar su propia identidad y cumplir así su propósito de vida: influenciar a otros y transformarlos con un nuevo mensaje novedoso y refrescante. Cuando se conecte con el efecto, con su diseño, con su propósito, sin obsesionarse por agradar a la gente, comenzará a dar lo mejor de sí a las personas. Entonces logrará dimensiones impresionantes de proyección a nivel masivo o individual.

Llegará a tener clara una de las claves del efecto: lo importante no es lo que piensen de mí, sino lo que yo pueda darles para generar un cambio en sus vidas. Se le comenzará a notar tanto, que generará una revolución en el público al escucharlo. No parecerá el mismo tímido, temeroso, inseguro, falto de personalidad, lleno de pánico escénico y sin dominio de sí mismo. Esta vez se sentirá como nuevo. Muy seguro del efecto que causará en las personas. De su nueva identidad y posición. De la gracia que esa nueva marca le dará y del poder para ser un extraordinario comunicador.

Empezará a dar todo lo que tiene a su auditorio. Al sentirse lleno de pasión, innovación y coraje, ya no se preguntará si les agrada o no. Ya no tratará de ser como Andrés, Felipe, Viviana, Ricardo… Las personas que antes lo veían con aburrimiento, ahora quedarán aterradas al verle, con semejante efecto. Terminará por convertirse en un orador de alto impacto.

Saque su propia esencia, deje de ser tan medroso. Plántese ante miles de personas que esperan algo a través de su mensaje, que buscan que les dé lo mejor de usted mismo, con una conclusión poderosa y contundente. Ese día llegará y miles de personas serán transformadas y empoderadas. El resultado será tal, que cientos de personas en el mundo seguirán sus pasos, a través de sus poderosos discursos. Eso sí que será efecto.

* Cortesía de Sonia González. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.