Desde cuando un aparato electrónico y sus presentaciones al mercado paralizan el mundo, se convierten en noticia y codicia de muchos? Steve Jobs cambió la vida de millones de personas en el mundo, incluyendo a gente que jamás ha tocado un dispositivo de Apple. Considero relevante recordar su impronta, pues con la llegada del iPhone 5 se repiten las ondas expansivas del progreso, incluso más allá de la compañía de Cupertino.

 

La quinta versión del maravilloso dispositivo colaboró, como se esperaba, en la subida de los índices de Wall Street. No solo en favor de Apple, que alcanzó un record de valor por acciones, sino también de otras empresas de telecomunicaciones. Al mismo tiempo, autoridades estadounidenses creen que su venta significará un impulso para la economía general del país. Se calcula, por lo bajito, que podría sumar entre un cuarto y medio punto porcentual al producto interno bruto del cuarto trimestre.

 

En lo personal, no sé si inmediatamente renovaré mi iPhone 4 o si esperaré a sacarle más partido a este fiel compañero de grandes batallas.

 

El mundo de los teléfonos inteligentes evoluciona a tal ritmo, que quizás lo que en otros sectores pueda identificarse como actitud puramente consumista, aquí es solo una actualización indispensable, para no perder el tren de los cambios y las oportunidades. Y no solo me refiero al aparato de Apple, sino al fenómeno en general.

 

Más allá de la polémica judicial por las patentes, el “efecto Apple” ha contagiado incluso a la competencia. Las prestaciones básicas de cualquier smartphone se mueven en torno a una filosofía irrenunciable, que ya no conoce de marcas ni de sistemas operativos. El celular funciona como centro de la vida diaria y es, para decirlo de algún modo, el aparato más “afectivo” que jamás hayamos tenido.

 

En 2007, Apple se lanzó a la aventura del iPhone. Desde entonces ha presentado varios modelos, y todos han marcado tendencia. Se han vendido más de 240 millones de iPhones en el mundo. La versión 5, según los primeros reportes técnicos, es un 20% más liviana y un 18% más delgada que la 4S.

 

Impresiona ver, en los últimos 20 años, el camino zigzagueante de los móviles, en función de las necesidades de cada momento. Los primeros aparatos lucían como ladrillos, por el tamaño y el peso. Luego fueron reduciéndose, justamente como símbolo de modernidad tecnológica. Ya no era necesario que fueran enormes, ni mucho menos sacar la antena para comunicar. Pero, desde las posibilidades de navegación y otros servicios, que llegaron de la mano de Blackberry y Apple, el móvil ha vuelto a ser gigante, aunque con menor peso.

 

¿Qué nos falta por ver? Seguramente mucho. Apple parece superarse a sí misma. Sus productos se han convertido en accesorio indispensable de vida para millones de terrícolas, ahí me incluyo en la Apple-mania.