Detenerte por un momento y reflexionar acerca de ti mismo te permite descubrir que eres el único con el que puedes ser honesto. Según la relación que tengas contigo mismo, nacerán todas tus demás relaciones.

Todo acto de honestidad con otros proviene primero del reconocimiento de lo que verdaderamente sientes, piensas y deseas.

Reconocer tus reales sentimientos y pensamientos requiere de gran valor y compromiso personal. Cuando te reconectas con tu sabiduría interior puedes recordar que dentro de ti existen recursos asombrosos que te permiten evolucionar, enmendar el pasado y atraer la vida de paz y armonía que tanto mereces.

Cuando tu mente está en conflicto porque piensas una cosa, dices otra y haces otra, la puerta de la armonía en tu vida estará cerrada por el autoengaño y tu entorno se conformará de personas que reflejan este mismo comportamiento.

Desear ser honesto contigo es el primer paso a la paz. Al activar tu voluntad de cambio resurge tu maestro interior ayudándote a aceptar tus sentimientos, pensamientos y situaciones tal y como son.

Si no te conoces a ti mismo, no podrás ser honesto contigo ni con otros.

Al reconectarte con tu guía interior amplías tu percepción y puedes ver las situaciones desde un punto de vista más elevado. Dejas de juzgar y defender tu punto de vista, y tu mente se dispone a ver el propósito que ocultan las situaciones, en vez de intentar cambiarlo o ignorarlo.

Cuando tomas responsabilidad de tu vida, tu maestro interior te muestra la salida de tus limitaciones a través del amor y la compasión por ti mismo y los demás. Reconoces que más allá de decir la verdad, ser honesto es el resultado de una profunda aventura al auto-conocimiento y la integridad.

No calles más la voz de tu corazón. ¡Detente y escúchate! Es hora de recordar que las respuestas ya están en tu interior y que ser honesto te dará gran gozo y libertad.

La elección de ser honesto es siempre es tuya. El momento del cambio ocurre en el ahora. ¡Solo tú lo puedes tomar!

* Cortesía de Diana Jaramillo. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.