En la comunicación asertiva el hielo no se rompe, se derrite con calidez. La calidez abre puertas enormes. Produce un diferencial impresionante. No solo persuade e impacta, sino que genera en el entorno un ambiente de bienestar que todos querrán recibir.

Produce resultados altamente efectivos en la productividad. El llamado “¡Efecto Sonia!”, al cual se refería el periodista Kevin Cook cuando veía a la gente sonreír a mi alrededor, es el efecto natural de la calidez. Para mí, la calidez es uno de los efectos que mayor impacto logra. Tal vez lo digo como apreciación personal, justo por ser el que he tenido que trabajar, desarrollar, mejorar, pulir y dejar brillar en mi propio perfil, durante toda mi vida.

Pero créame que de verdad funciona mucho más que tratar de convencer con frialdad, rigidez, distanciamiento o indiferencia. Una persona que nace con este efecto natural de la calidez, ya cuenta con unos buenos kilómetros de ventaja en cuanto a su capacidad de impactar, influenciar, dejar huella y lograr resultados en los que le rodean. Cuando uno nace con el efecto calidez, debe entender que fue diseñado con un patrón y un propósito providencial para las relaciones y los contactos.

Con una capacidad superior de influenciar y de ser un comunicador de alto impacto. Si usted no es cálido, sino más bien austero y distante, pero logra conectarse con este efecto, encuentra aquí un secreto genial para escalar en su desempeño profesional y personal. Aun en los más efusivos, amables y afectuosos, es necesario trabajar la calidez como valor. No solo como una parte natural de su perfil. Porque implica una transformación del ser, mucho más allá de la tipología temperamental natural. Encontrar el punto de calidez perfecto es todo un proceso de maduración, que solo se alcanza cuando se concientiza. La calidez derrite el hielo, relaja el ceño fruncido, presta un servicio de calidad al cliente, desinteresado, genuino, vibrante y feliz, al punto de lograr ventas sin proponérselo.

Porque la persona cálida no vende productos, ni ideas, ni proyectos, vende felicidad… felicidad… felicidad… y sin ningún esfuerzo. El efecto de un saludo cálido en el ascensor, por ejemplo, genera un ambiente de amabilidad en una entidad y puede cambiar todo el día de un ejecutivo estresado y malhumorado en la empresa. El efecto de sonreír en casa puede producir un clima de amor y paz que todos querrán mantener. Claro que, como todas las virtudes, si la fortaleza de la calidez no se concientiza y se trabaja, termina por convertirse en un defecto mortal y en una de las peores debilidades. Porque el efecto calidez mal manejado y exagerado, produce cansancio.

Al final, tanta calidez se torna sofocante. Por eso se debe manejar con mucho equilibrio y asertividad, para producir el impacto deseado, sin pasarse al otro lado. El efecto de una sonrisa es fantástico, pero el de una carcajada estridente, ruidosa y monótona, puede tornarse fastidiosa y perderse en la hilaridad descontrolada.

La calidez se logra en el justo punto medio, entre la sobriedad y la alegría. Entre la gentileza y la autoridad. Entre el buen humor y la serenidad. Es la temperatura perfecta.

El “clima” ideal. No se consume en el fuego emocional de los impulsos expresivos, sino que se mantiene en una llama de fuego lento, tranquilo, reposado.

Una calidez bien concientizada y centrada, lleva a una entidad a contar con grandes resultados. La gente sabrá que la empresa tiene “algo” especial, aunque nunca sepan de qué se trata. Será su secreto a voces: ¡Calidez! Todos dirán: “Aquí está pasando algo”

* Cortesía de Sonia González. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.