Ahora, cuando son cada vez más comunes las empresas que han abierto sus puertas al mindfulness para ayudar a sus empleados a reducir los niveles de estrés o potenciar su creatividad, nuevos e interesantes hallazgos están demostrando que los beneficios de esta práctica no se limitan al bienestar personal sino que se trasladan a la salud de la corporación. Por ejemplo: desarrollar mejores estrategias y optimizar la comunicación.

En un artículo para Harvard Business Review sobre las aplicaciones del mindfulness en el mundo empresarial, Justin Talbot-Zorn y Frieda Edgette describen los cambios positivos en corporaciones que han incorporado algunas técnicas sencillas y efectivas. Estamos hablando de gigantes como Google, Apple y Target, o instituciones como el Pentágono, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos o la Cámara de los Comunes en el Reino Unido. Afortunadamente, hace mucho tiempo que el mindfulness dejó la órbita de la Nueva Era para moverse en el día a día de las personas; aquí y ahora.

Mindfuless es una práctica que desarrolla la atención y permite cultivar apertura ante la vida con una actitud menos reactiva ante las circunstancias. Esto se logra prestándole atención plena al presente, comenzando por la respiración para luego alcanzar todas las experiencias físicas o mentales que se nos puedan presentar. Pero ¿qué tiene esto que ver con la estrategia de una corporación?. O siendo más directos ¿para que sirve esto?

Bueno, para aprender a relacionarnos mejor con nosotros mismos y los demás. ¿Te parece poca cosa? Una empresa donde las personas son capaces de tener una mejor comunicación y de responder a los retos con mayor conciencia (en lugar de simplemente reaccionar ante las emociones) es sin duda una empresa que se maneja mejor en diversos escenarios.

En su artículo para HBR, Talbort-Zorn y Edgette ofrecen tres técnicas sencillas que han trabajado con gerentes en diversas empresas y que comparto contigo:

1.- Tomar momentos mindful: Esto es simplemente hacer una pausa programada en medio de las reuniones y tomar dos o tres minutos para detenerse a sentir la respiración, identificar las distracciones que puedan existir y reconocer las sensaciones en el cuerpo. Es una suerte de mini-meditación muy práctica y aterrizada que estabiliza la mente, abriéndola a la intuición y un estado más creativo.

2.- Explorar escenarios alternativos: Al planificar solemos poner sobre la mesa una serie de escenarios cargados de suposiciones y patrones mentales que no siempre son evidentes. Son las historias del futuro que limitan nuestro horizonte. Al analizar sin juicios y con apertura otras posibilidades, podemos reconocer esos patrones y paradigmas que nos impiden ver oportunidades y vías de acción. Es más que pensar fuera de la caja. Es ver la caja y reconocerla como tal.

3.- Visualizar resultados positivos: “El pesimismo reduce nuestro foco”, dice Daniel Goleman, quien desarrollo el concepto de Inteligencia Emocional, “mientras que las emociones positivas expanden nuestra atención y receptividad para lo nuevo y lo inesperado”. Esto no significa dibujar escenarios completamente irreales, sino a responder preguntas como ¿Si todo funcionara bien en nuestra organización, dónde estaríamos en diez años? para luego contemplar las respuestas. Hacer este ejercicio en una sesión de planificación tiene un efecto inmediato en la actitud de las personas, y mejor aún, permite ver con mayor perspectiva las cosas.

Mucho se ha dicho sobre la necesidad de elevar la conciencia de nuestra sociedad. Mindfulness ayuda a hacerlo, de manera muy sencilla y práctica, generando una transformación desde adentro hacia fuera. Algo que puede beneficiar a las personas y las empresas, porque como bien sabemos, las empresas son su gente.

GQI-EliBravo

* Cortesía de Inspirulina. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.