Los excesos son los que matan, decía Don Luis, mi abuelo. Un hombre alto y fuerte que tuvo una larga vida y que amaba el trabajo pero con exceso, lo cual obviamente cobró su factura en los años finales de su vida.

“Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Dicho popular que también tiene cierta relación con la costumbre de exagerar en el esfuerzo por lograr algo.

Claro que el trabajo dignifica, pero en exceso causa ansiedad y estrés, con todas las consecuencias que conlleva, incluyendo la mayor probabilidad de infarto o embolias y, por supuesto, el envejecimiento prematuro.

Claro que el ejercicio es saludable, pero en exceso es dañino y hasta contraproducente. Recientemente entrevisté en mi programa de radio a una mujer que desde niña le apasiona el ejercicio, a tal grado, que ha sus 45 años ha competido en múltiples triatlones y maratones nacionales e internacionales poniendo muy en alto el nombre de México

Cuando la conocí, me sorprendió obviamente su delgadez constituida exclusivamente de musculo, además de su vitalidad, pero también la gran diferencia que manifiesta entre la edad cronológica con la edad que aparentaba. Sinceramente, y ella misma me lo dijo, se ve mayor de la edad que tiene, no solamente por la consecuencia del exceso de sol al que se ha expuesto toda su vida, sino por el exceso de trabajo de su cuerpo. Es una máquina que tiende también a resentir el esfuerzo. Claro que quienes detestan ejercitarse por flojera o desidia sentirán en estos momentos un falso consuelo para seguir con hábitos sedentarios y evitar ese desgaste en su cuerpecito.

Recordé, así mismo, a otra persona que conocí hace años también en mi programa de radio, quien fue a compartir los grandes beneficios de comer saludablemente, enfatizando en no comer ningún tipo de animal, lo cual es muy respetable. Su interés era compartir los grandes beneficios de llevar una alimentación basada en frutas, vegetales y semillas para vivir saludablemente y por muchos años.

Igual que en el otro caso, su edad cronológica no era la misma a la que aparentaba, aunada a un color amarillento e incluso grisáceo de su piel.

No demostró para mi vitalidad ni energía en su forma de andar o charlar, sino todo lo contrario.

Por supuesto que entendí claramente el mensaje de que todo exceso es malo y no siempre lo que funciona a un organismo tiende a funcionar de la misma manera en mi y en los demás. Todos somos diferentes y tenemos antecedentes y genes diferentes y, por ende, no reaccionamos igual a lo que para otros funciona excelentemente.

Hace años leí un proverbio chino que he intentado poner en práctica desde entonces:

“No comas todo lo que puedas, no gastes todo lo que tienes, no creas todo lo que oigas y no digas todo lo que sabes”.

Indudablemente un proverbio muy ad hoc para evitar muchas calamidades a las que nos sometemos durante la vida.

Comer es uno de los grandes placeres de la vida. Y, basado en eso, los excesos pueden hacerse presentes y las recomendaciones de comer ahora que podemos, porque a lo mejor no será posible disfrutarlo después, es precisamente donde radica el exceso.

“Prefiero ser un gordito feliz que un flaco hambreado”, me dijo en una ocasión un amigo al negarme a aceptar un postre que sinceramente se veía delicioso y fue del agrado de todos los que lo probaron, pero para mi ya era exceso. Comer todo lo que puedas es el inicio de la obesidad que tantas secuelas causa y que muchos no sabemos o no queremos ver y, por satisfacer una necesidad natural, caemos en el exceso que transforma nuestro cuerpo y destruye nuestro interior.

Recientemente falleció quien fuera considerado el hombre más gordo del mundo, según el Record Guiness en el 2007, Manuel Uribe Garza, de 48 años, quien vivía en uno de los municipios de Nuevo León y llegó a pesar 597 kg. Durante muchos años ya no podía valerse por sí mismo y adaptó su recámara en la cochera de su casa para poner su cama en una rampa de camión y de esta forma poder salir cuando fuera necesario. Se sentía prisionero en su propio cuerpo.

En una entrevista decía que se lamentaba de haber comido tanto y no haber puesto un límite cuando su familia se lo suplicaba. Por supuesto que es un problema más complejo ya que la relación entre la comida y las emociones está comprobadísima. Además de los factores hereditarios.

No gastes todo lo que tienes, dice el proverbio chino, y sumamente aplicable a quienes no pueden limitarse en el uso de las tarjetas de crédito. “¡Compre ahora y pague después!” Una invitación sumamente atractiva en la que miles de personas sucumben, olvidando que ese “después” irremediablemente llega

El exceso contario también cobra sus consecuencias. La gran cantidad de personas que tienen tanto y llevan una vida de pobreza o miseria para evitar gastar su valioso dinero.

No creas todo lo que oigas, ni digas todo lo que sabes. Imagínate el gran beneficio que tendríamos en este momento al aplicar esta parte del proverbio. Evitaríamos el gran derroche de energía que representa creer todo lo que oimos que dicen de nosotros, de los demás y de las situaciones pasadas, presentes o futuras. Seríamos más selectivos al aceptar lo que escuchamos y al decir lo que sabemos y la prudencia se haría presente.

La gente más sabia es la que escucha más de lo que habla y hace preguntas inteligentes.

Espero que este artículo te ayude a tomar decisiones en relación a los excesos.

GQI-CesarLozano

* Cortesía de César Lozano La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.