Vivir la pasión del mundial de fútbol Brasil 2014 es una de las experiencias más aglutinadoras que recientemente he visto para los latinoamericanos. Un comentarista deportivo europeo apuntaba que América Latina celebra que la Copa se quede en el continente, mientras, los europeos, cada cual por su lado, solo piensan en llevársela a casa.

Estuve en la hermosa Bogotá, desde el jueves pasado, con motivo de la conferencia “El Poder de Escuchar”, basada en mi primer libro. El ambiente de identidad nacional y orgullo patrio por el desempeño de su selección nacional desbordaba las sonrisas de la gente. Dieciséis años sin clasificar. Nunca habían llegado tan lejos. Con el juego del sábado ante Uruguay, y su pase a cuartos de final, ya hicieron historia. Su estrella James Rodríguez, el mejor del Mundial, es un líder que celebra con baile y satisfacción cada gol. El arquitecto del team es José Pekerman, a quien el país adopta como un colombiano ilustre.

Este domingo, Costa Rica dio a sus hijos un gran momento de euforia y celebración patria pasando por primera vez a cuartos de final. La postal desde San José lo decía todo. Cientos de miles de ticos abrazándose sin conocerse, gritando y llenos de ese sentimiento de orgullo y pertenencia que el deporte rey provoca.

El fútbol se juega en equipo, la pelota rueda y el éxito llega a la mejor estrategia, a los más persistentes, a los que no se confían ni en el último minuto. Dicen que es un deporte cruel, pero su crueldad radica en que aquí nadie vive de glorias y triunfos pasados, sino del poder del ahora, del juego en la cancha, no de los trofeos en el historial. El fútbol se vive con anticipación. Cada jugada te avanza o te penaliza. Y, como en la vida, se ve de todo, desde cabezazos hasta mordidas, baile, celebración y llanto.

En Colombia, ley seca, toque de queda y otras medidas no pudieron evitar que la celebración del pase a cuartos terminara con ocho muertos y decenas de heridos. Y la reflexión va tanto en la cancha como en las calles. El fútbol se vive desde las emociones, y son ellas quienes rigen nuestra toma de decisiones. Hay seres humanos que son arrastrados y embriagados por sus instintos y no han superado el analfabetismo emocional. La mezcla de euforia desmedida con alcohol y otras sustancias es una combinación letal que lleva la celebración más allá de los límites del sentido común y la razón.

Para ganar nuestra Copa de la Vida, hay que saber cómo vivir con pasión los triunfos y matizarlos con razón. Y darle razón a las derrotas para alimentar la pasión de la esperanza. Que un nuevo grito de Goooolllllll sea razón de vida y no preocupación por riesgos y caos.

¡Felicidades, Colombia! ¡Pura vida Costa Rica!