La falta de control de nuestras emociones nos llevan muchas veces a situaciones que después nos hacen arrepentirnos. Esto mismo es lo que le sucedió a Debbie. Esta americana tuvo un gran enfado, con su consecuente rabieta, cuando el camarero de Starbucks le explicó que no le quedaban soportes donde llevar los vasos.

Al día siguiente, más calmada y reaccionando ante la falta de sensibilidad con el empleado, decidió volver a la cafetería para darle una carta. En ella le pedía disculpas por su falta de empatía: “necesito disculparme. No quiero ser la clase de persona que trata a los demás con esa falta de amabilidad. No quiero dar esa imagen ni ante ti ni ante mí misma. Eres un chico joven y estás trabajando y esforzándote por labrarte un futuro y deberías recibir elogios. Sigue con esa actitud de ánimo y esperanza. Sigue siendo así independientemente de la gente que se te cruce en el camino. Seguro que el destino te depara grandes cosas. Le has dado a esta mujer una importante lección de amabilidad, compasión y humildad”.

¿Cuántas veces has perdido los nervios? Lo importante es saber controlar la situación, ser conscientes de nuestros fallos y tener la suficiente humildad para saber pedir perdón.