En mi larga carrera profesional, que empecé a las ocho años, he enfrentado diversos tropiezos y vacilaciones, como cualquier ser humano. Pero cada uno de mis problemas siempre encontraba respuesta en la movilidad laboral.

 

El cambio incesante, algunas veces injustificado, suele atribuirse a la edad. Los jóvenes se aburren fácilmente, o no reciben suficientes estímulos como para echar raíces en un puesto. En mi caso, sucedían ambas cosas. El aburrimiento y la comodidad me aniquilaban.

 

Siempre estuve atento a la ilusión creada por el trabajo. Y, sin poner las piezas sobre la balanza, mi cuerpo y mi mente volaban. Desde la infancia, y hasta finalizar la Universidad, trabajé sin honorarios, a pesar de noches enteras dedicadas a la radio. Para mí era un placer. Creía no necesitar el dinero e incluso habría pagado por aquella oportunidad. Pero, aparte del público, que se manifestaba de forma inmejorable, no contaba con demasiados estímulos.

 

Quizás esto me provocaba “el cambio por el cambio”.

 

Según el experto Roberto Esparza, autor del libro Empleología, existen dos tipos de “job jumpers” laborales: los positivos y los negativos. Los primeros, dice, no son irresponsables pues buscan un beneficio, un mejoramiento profesional o económico. Los segundos, en su opinión, no pueden apreciar el resultado de sus decisiones, provocan inestabilidad en las áreas laborales y son siempre malos candidatos.

 

Creo que empecé siendo un “job jumper” negativo, pero una visión más pragmática me llevó rápidamente al otro lado.

 

Para la investigadora Carla Acuña, que habló sobre el tema en CNN Expansión, cualquier cambio implica un análisis previo para conocer los pros y los contra. Estima que lo más importante es definir por qué y para qué quieres obtener un nuevo empleo.

 

Personalmente, ahora no necesito “el cambio por el cambio”, puedo controlar mis destinos en función de aspectos muy objetivos. Ser presentador de televisión, escritor, columnista y conferencista, cada labor en su justa medida, genera una excelente complementariedad.

 

Los seres humanos podemos hallar nuestro lugar, y la forma de materializar los sueños, aunque esto dependerá de muchos factores. El más importante es la decisión irrevocable de ser uno mismo, de llevar las ideas hasta las últimas consecuencias y de saber cuál es el tiempo de permanecer en un puesto o de marchar en busca de otros aires, con justificaciones razonables. Algo nada fácil, pero tampoco imposible.