Por GERSON DAVID

En las últimas semanas se estrenó una película llamada “Her”. Su actor principal se enamora de un sistema operativo que le servía de asistente personal. Es un sistema al estilo de Siri (presente en los dispositivos móviles de Apple), que va evolucionando en la medida en que conoce más a su dueño. Aprende de él, pero también de todo lo que lo rodea. Interactúa con todos los dispositivos digitales del individuo, y se vuelve cada vez más inteligente e incontrolable.

Este planteamiento, que parece totalmente de ciencia ficción, no se aleja mucho de la realidad hoy en día, y es parte de un movimiento que se ha dado en llamar “el internet de las cosas”.

Esto se refiere a una red de objetos interconectados que intercambian información constantemente para generar respuestas más efectivas a los seres humanos o a los mismos sistemas. Su esencia radica en que si todo lo que usamos —vehículos, neveras, ropas, vasos— estuviera equipado con dispositivos de identificación minúsculos y con sensores, que pudieran transmitir datos en tiempo real sobre nuestras necesidades, posición específica, requerimientos de la casa, en el trabajo, el mundo sufriría una transformación.

Ya no nos quedaríamos sin leche o sin frutas en la nevera. El mismo aparato se encargaría de hacer las órdenes de lo que falte, la ropa podría medir nuestro ritmo corporal y la cantidad exacta de calorías que consumimos, así como determinar la comida exacta que necesitamos para esa noche.

En término coloquiales, el internet de las cosas, consiste en que todos los objetos que usemos estén conectados a internet y puedan transmitir y recibir información valiosa para realizar sus tareas. En el internet 3.0 ya no solo se trata de personas interactuando con personas, sino de aplicaciones interactuando con otras aplicaciones, para generar soluciones a las personas.

Pero, cuidado. Si un asistente digital llega a conocernos más que nuestra propia novia, o nos consiente más que nuestra madre, tengamos cuidado de no enamorarnos.

@gersondavid

* Este artículo se publica por cortesía de @Smartappsla, creadores de soluciones digitales de alto impacto. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.