Todos tenemos, de acuerdo con nuestro plan divino, una pareja designada.  No se trata de la pareja “perfecta” ya que nada es perfecto, solo que sí se trata de la pareja idea para cada uno de nosotros. Podemos decidir dejarla ir ya que contamos con el libre albedrío. Debemos ser conscientes de lo que estamos perdiendo. También sucede en muchas ocasiones que nos apuramos a elegir una y no esperamos la adecuada.

En este artículo, intento darte las claves para ayudarte ¡a que puedas reconocerla!

Una vez leí esto sobre este mismo tema hablando de las diferencias entre Química y Alquimia en las relaciones de pareja:

  • Los Químicos aman por necesidad
  • Los Alquimistas por elección, de hecho el Amor (como dice Pilar Sordo) es una decisión, ¡auténtico!
  • Decidimos cuándo amar, no es así con el enamoramiento que puede “atraparnos” inadvertidos
  • La Química muere con el tiempo
  • La Alquimia nace a través del tiempo
  • La Química ama el envase
  • La Alquimia disfruta del contenido
  • La Química sucede
  • La Alquimia se construye
  • Todos buscan Química, solo algunos encuentran Alquimia

Entonces, ¿eres químico o alquimista del Amor? El verdadero Amor nos transforma en individuos libres, que vuelan con alas propias. Ningún hombre o mujer que de verdad ame a su compañero/a puede interferir en el destino personal o misión del otro, al contrario, le ayudará a realizarla.

Es muy importante entender esto porque se trata de la clave principal y debemos vencer el miedo cuando sabemos que apareció la persona indicada ya que esta emoción seguramente vendrá con él o ella. El verdadero amor es ¡solo para valientes! ¿Por qué? Porque nos hace sentir vulnerables ante esa persona, y ¡hay que vencer eso! Es una prueba fuerte y absoluta para el ego.

Es verdad que somos vulnerables ante esta persona, solo que ambos lo son, el uno con el otro, porque ambos tienen que ofrecer lo mejor de sí mismos, brindarle eso al otro, y lo mejor de sí mismos no está en la mente, no está en la personalidad, está en la pureza de corazón.

Y está bien que así sea. Serán merecedores de amar en cuerpo y alma solo aquellos que puedan vencer al ego, porque ESA persona te lleva a eso, y así debe ser para que el verdadero propósito de tu alma se manifieste. Mientras vives en el ego la mayor parte de la misión de tu alma será bloqueada por él.

Esta persona que te corresponde por derecho divino será aquella que impulse esa misión y para eso tiene que ayudarte a quebrar tu ego, no es algo que haga de manera consciente. Es justo ya que tú también quebrarás el ego de tu compañero/a.

¿Cómo la reconoces? Es esa persona que te atrae cuando la ves y también te genera una cierta inquietud porque te saca de tu zona de confort. Cuando dejas de verla, casi que prefieres no verla, porque hay algo que te indica que ante ella te rindes, pierdes fuerzas, eso sucede porque debes vencer al ego.

Dicen que el amor es agua que solo los dioses beben.

Pues así es, descubriendo tu compañero de vida, si es el adecuado/a, descubres tu propia divinidad, esa parte tuya que te conecta con Dios.

Un verdadero rey solo se inclina ante su reina y una verdadera reina solo se inclina ante su rey, si es mutuo ¿cuál es el problema? ¡Es la comunión perfecta! Y la unión, obviamente, potenciará las cualidades y dones de ambos porque ambos son felices con la felicidad del otro.

Entonces, dejemos de lado el orgullo, cuando “esa” persona llega, porque la pareja ideal nunca será la que genere una guerra de egos, festeja que el cielo se abrió para ti es momento de gratitud, no de inquietud.

Más allá de la gran importancia que tiene la “química” o atracción física tan necesaria dentro de una pareja, si pretendemos encontrarnos con nuestro compañera/o de vida, aquello que en verdad debemos observar, no son los gustos y las costumbres que cada uno tenga. Porque cuando el verdadero amor existe, vendrá con la voluntad de “acomodarnos” para encajar en la vida de esa persona y seguramente cada uno hará su parte para que eso suceda. Lo verdaderamente imprescindible son los objetivos comunes, mirar el mismo horizonte, tener los mismos valores para lograr encaminar la vida con un rumbo en común, ya que, como decía el gran William Shakespeare: “El Amor no requiere que dos personas se miren la una a la otra, sino que miren en la misma dirección”.

* Cortesía de Viviana Bergmann, La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.