¿Por qué mi pareja no entiende que actuando así lo único que logra es enojarme más y distanciarnos más? ¿Por qué mi mamá insiste en mantener esa postura y esa actitud ante esta situación que me hiere tanto? ¿Por qué mis compañeros de trabajo hacen las cosas así, acaso no se dan cuenta que así no nos benefician? ¿Por qué esta persona no entiende que lo que hace no es lo mejor para nuestra relación?

¿Has hecho algunas de estas o similares preguntas? Yo sí, muuuuchas veces. Y también las he escuchado otras muuuuchas veces. ¿Cómo es posible que los demás no se den cuenta de lo que le hacen a nuestra vida, verdad?

Una buena amiga recientemente me comentó que está intentando reconciliarse con su papá. Él se había separado de su mamá cuando ella era adolescente. Desde entonces y hasta ahora, a sus 30 y tantos años, ella había estado enojada con él. Nunca quiso escuchar su historia ni acercarse mucho, sólo lo necesario: navidades y cumpleaños. Hace un año y pico ella tuvo a su primer hijo y algo le removió en su corazón, decidió visitar y compartir esto con su papá, decidió que ahora sí quería que él estuviera en su vida y en la de su nuevo nieto.

El reencuentro fue muy emotivo y él con una gran disposición de reconstruir la relación, al igual que ella. Un fin de semana ella decidió invitarlo a almorzar a su casa y él le comentó que no podría llegar por compromisos que tenía con un grupo de amigos. Ella se enfureció: ¿cómo es posible que mi papá no vea el esfuerzo que estoy poniendo en reconstruir la relación? Él debería estar disponible y feliz que casi 20 años después su hija esté abriéndole su corazón. Todos los papás de mis amigas se juntan todos los fines de semana con ellas para, aunque sea, tomarse un café. Todos los abuelitos maaaaatan por tener a sus nietos todos los días y consentirlos y todo eso que hacen los abuelitos. ¿Cómo es posible que él no? Así que decidió nunca más volverlo a invitar a su casa, decidió que no lo volvería a buscar y que “si él quería” que fuera él quien se acercara a ella, a su nueva familia y a su nieto. Él ha llamado un par de veces, ella contesta indiferente y últimamente ha dejado de llamar, más que una vez cada 15 días.

Todo esto me lo compartió entre lágrimas con mil detalles y preguntas más… ¿Cómo era posible que él no quisiera ser el papá que ELLA taaaanto había deseado y el abuelito que ELLA taaaanto había soñado para su hijo? (pusieron atención a la pregunta? Allí les va de nuevo: ¿Cómo era posible que ÉL no quisiera ser lo que ELLA quería que fuera?

Y mientras la escuchaba, inevitablemente, tuve que voltear a ver cuántas veces yo me he frustrado porque mi esposo, porque mis hijas, porque mis hermanas, porque mis papás, porque mis amigos, porque los desconocidos, porque la humanidad, porque “yo que sé quién” no es lo que YO quiero que sea.

¡YO tengo clarísimo cuál es mi historia ideal! Yo tengo clariiiisimo cómo sería mi pareja, mis papás, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis jefes (pongan ustedes el nombre que quieran) ideales. El asunto es que se me olvida que seguramente mi pareja, mis papás, mis amigos, mis hijas, mis compañeros, etc. También tienen claríiiiiisimo cual es su “Tuti” ideal. ¿Me siguen? Y seguramente también dejo mucho que desear.

No creo que se trate de cambiarnos de bando completamente y pasar de ser “los que desean una vida ideal” a “los que viven para coincidir con los ideales de los demás” No. Creo que se trata de dos cosas:

Ser conscientes que cuando nos molesta algo de alguien es porque seguramente “mi historia” de lo “ideal” está chocando con su historia de lo ideal. No es malo ni es bueno, así es. Y reconocerlo es parte de relajarnos y aceptar que somos diferentes, ni mejores ni peores, diferentes. Y darnos cuenta que si queremos algo, debemos ser nosotros quienes lo procuremos. No porque estemos solos en el mundo y nadie nos dará nada. No. Es porque si yo quiero que mi pareja me entienda mejor, voy a empezar a ser más clara. Es porque si quiero que mi familia me visite más, voy a empezar por acercarme más a ellos. Es porque si quiero que en mi trabajo haya un mejor ambiente, empezaré por ser yo quien sea cordial y dispuesta a ayudar a otros.

Estoy segura que todos hemos tenido esos “malos entendidos” o “desacuerdos”, sobre todo con nuestros seres más queridos y cercanos: padres, hijos, hermanos o pareja. Y para disminuir un poco la frustración y enojo que nos causa que ellos no encajen en nuestra historia ideal, deberíamos hacernos estas preguntas:

  1. ¿Qué es lo que me enoja?
  2. ¿Qué es lo que realmente quiero? (y aquí hay que responder sin atribuírselo a nadie, ¿eh? Es describir la acción que quiero que pase, el beneficio que deseo obtener)

Entonces: ¿Qué me enoja? Que mi mejor amiga ya no me llama como antes lo hacía, por ejemplo. ¿Qué es lo que realmente quiero? (sin atribuirle la responsabilidad, es decir, no se vale responder: que ella me llame más, ¡no!) lo que realmente quiero es comunicarme más con ella, estrechar la relación.

Entonces aquí viene la tercera pregunta: ¿qué puedo hacer yo para conseguir esto? Y una vez respondamos esta tercera pregunta vendría la cuarta y última pregunta: ¿estoy dispuesta a hacerlo?

Entonces, encontraremos que eso que deseamos y que estamos esperando a que la otra persona nos resuelva, realmente nosotros podemos empezar a procurárnoslo.

Es un ejercicio de enfrentar el ego, es un ejercicio en el cual nosotros debemos dar el primer paso, y aunque no parezca, también es un ejercicio de soltar. Soltar las decisiones, actitudes y pensamientos de los demás, aceptar que, aunque no coincidan con nuestro esquema de “mundo ideal” posiblemente sí coincidan con su esquema de “mundo ideal” y ellos son los dueños y responsables de él. Así como yo lo soy del mío.

Tomar la responsabilidad de lo que nosotros queremos construir en nuestra vida, dejando de “delegar” a todo el mundo esta importante tarea, es también VIVIR A COLORES.

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.