Entre profecías y realidades: El Aquí y ahora

 

El fin de semana pasado resultó ser uno de muchas satisfacciones, ya que mi madre cumplió años, 66, y estuvo feliz con la presencia de amigos y familiares. Para estar a su lado en un día tan especial, acepté ir el viernes por solo 24 horas a un compromiso en Nicaragua, con la Universidad Americana (UAM), para dictar una conferencia motivacional y de liderazgo sobre “El Valor de lo Intangible”. El evento fue todo un éxito para los organizadores y también para mí, porque pude intercambiar conceptos con más de 600 personas que asistieron. Muchas quedaron de pie por las casi dos horas de duración del encuentro, debido a que sobrepasaron la capacidad del salón. Aprendí mucho y una vez más salí considerando el dedicar más energia y tiempo a mi carrera como autor y conferencista inspiracional y de liderazgo, una recién descubierta vocación pero añejada por más de 15 años como mi mayor pasión personal en mi camino de crecimiento espiritual.

 

Después de terminar la charla en Managua, llegué a la habitación del hotel y antes de dormir consulté mi twitter para ver la reacción del programa del viernes con dos invitados que de manera distinta pero con puntos de convergencia hablaban de profecías y del futuro. El primero, el llamado profeta de América, el brasilero Reinaldo Dos Santos con casi un millón de seguidores en twitter, y la segunda la astróloga y escritora argentina Ludovica Squirru, experta en el horóscopo chino y el I Ching. El propósito de tenerlos, después de largos debates con mi equipo de producción de CALA en CNN, fue hablar de sus vidas como personajes y encontrar en ellos la explicación de por qué los seres humanos, muchos de ellos, aún necesitan anticipar el futuro. Algo que es tan antiguo como la historia misma de la humanidad.

 

Comencé a leer los trinos y veo que a mucha gente le gustó el programa, mientras a otros, esperanzados en escuchar profecías que había prometido en su twitter el profeta, la entrevista con Reinaldo les resultó irrespetuosa y defraudante. Con una intención clara y explícita desde la presentación y reflexión inicial del show expuse nuestros propósitos, sin embargo… algo olía mal en mi timeline que destilaba resentimiento, y hasta rabia por parte de algunos venezolanos. La razón, falsas expectativas por parte de muchos de los seguidores de Reinaldo Dos Santos que habían leido ese tweet del profeta que prometía dar en nuestro programa una profecía que haría temblar las bases del gobierno y la oposición. La invitación a Reinaldo y a Ludovica fue como siempre con el foco central en sus vidas y sus historias tan particulares en el mundo de la adivinación y la astrología. Si invito a un cirujano plástico no le pido que me haga una cirugia en el estudio, pero sí le preguntamos de su vida con el bisturí. Esta vez no era la excepción.

 

No constesté de inmediato a los comentarios, insultos y críticas genuinas en twitter, y traté de conciliar el sueño, algo difícil cuando te tomas tu trabajo muy en serio y con altísima responsabilidad social. Luego, el sábado leí más… y me dije, aunque ante el odio, el veneno y la rabia no hay manera de sanar que no sea el amor, voy a emitir mi opinión para los no fanatizados. Los fanáticos radicales, nunca escucharán ni entenderán, porque en ellos no hay ventana de tolerancia para escuchar puntos divergentes. El fanatismo ensordece, bloquea y cierra el círculo del diálogo.

 

A Reinaldo lo traté como hago con todos los entrevistados que son líderes de opinión, ya sean políticos, comunicadores o profetas: con respeto pero sin hacerle relaciones públicas, con amabilidad pero sin perder la acuciosidad, y con seriedad sin dejar de lado el sentido del humor porque como me dijo un día el maestro Cruz Diez en una entrevista: “Desconfíe del que no ríe”.

 

Muchos de sus seguidores esperaban una profecía sobre el futuro de Venezuela y su gobernante, cuando el propósito de nuestra entrevista de perfíl de vida era otro: Mostrar la historia y camino de un ser humano, que ha ganado adeptos y detractores, amplia credibilidad en redes y medios atrayendo a su cuenta casi un millón de personas.

 

No solo nunca prometimos profecías, sino que desde el inicio del programa lo dejé claro. Sin embargo, lo que leí en las redes este fin de semana me lleva a esta reflexión:

 

¿Por qué buscamos fuera las respuestas a nuestra realidad? ¿Por qué muchos aún siguen poniendo su esperanza en algo externo, en vez de buscarla en la fuerza interior que cada ser humano trae consigo? ¿Por qué aún queremos construir la película del futuro en vez de poner el énfasis en las realidades de hoy? Por qué no nos preguntamos como comenzar a generar el cambio desde dentro?

 

Las personas cuentan y viven su historia de dos maneras: como víctimas o como gladiadores. Las víctimas son las que no se elevan más allá de sus circunstancias. Son las que esperan pasivamente que alguien más les diga qué les depara el futuro. Los gladiadores son los que se enfrentan a esas circunstancias, las utilizan y las convierten en armas de lucha para construir una nueva realidad personal. A partir de ese cambio, multiplican su efecto de influencia en su entorno y crean realidades.

 

Entre profecías y realidades vivimos. En todas las áreas en que nos movemos, buscamos anticipar el resultado, conocer el destino. Los políticos hacen encuestas y hablo de las que se puedan considerar serias, para saber quién aventaja a quién en una elección. La ciencia también predice, y aún así cuando nos prometen lluvia puede que la sombrilla quede seca bajo los rayos del sol. La tecnología avanza, pero para millones de personas en el mundo su esperanza sigue puesta en la suerte que otros le cuenten.

 

Mi invitación de hoy es a mirarnos por dentro y encontrar esa fuerza divina que nos regalaron para manejar y crear nuestra vida, nuestros sueños. Creo y entiendo la ansiedad de muchos de los seguidores de Reinaldo ante la profecía que él prometió. Confieso que en algún momento he tenido la curiosidad de que una gitana me lea la mano, o el tarot. Respeto a todos, no importa como piensen o en que crean, siempre y cuando el fanatismo no les lleve a hacerle daño al prójimo por pensar diferente.

 

En la entrevista con Reinaldo y con Ludovica, aprecié la honestidad de ambos de responder a mis preguntas, todas, incluso esas que para gente que les siga, les hayan parecido irrespetuosas. Nacieron de la más genuina curiosidad y mi alto excepticismo, ese que me caracteriza por mi historia de vida personal. Nunca fue mi intención irrespetarle ni mucho menos burlarme. Nunca lo he hecho ni lo haré con nadie que es invitado a mi casa. Pero al final todo pasa por nuestra percepción y subjetividad personal, y esas las respetaré.

 

Hagamos de nuestro camino por la vida, el verdadero destino, tal como me decía
Ludovica: “destino en griego significa, las huellas pisadas en el camino recorrido.”

 

Estoy convencido que todos podemos hacer de nuestra vida una profecía, con el poder de nuestro pensamiento, palabra y acción. Somos seres de amor, de cambio y creación. Vivamos el hoy con la confianza que toda la fuerza, la fe y el amor que necesitamos está ya dentro de nosotros.

 

Te comparto el mantra con el que bendigo cada día, cada proyecto, cada programa, cada intención:

 

“Dios es Amor: Hágase el milagro”

 

Crea la profecía de tu vida, bendiciones para todos. Les quiero Venezuela.

 

Ismael CALA