Los veleros son algo maravilloso. Impulsados por el viento, y con un hábil capitán al mando, pueden llegar a cualquier lugar del mundo. ¿Has visto un velero navegando? Las velas llenas y el casco abriéndose paso en las aguas para dejar atrás una estela blanca es un espectáculo fabuloso. Todo lo que ves del barco sobre la superficie es una sofisticada mecánica de fuerzas y aparejos que impulsan al barco hacia su destino. Pero lo que no ves es lo que hace posible ese avance.

¿Sabes por qué un velero no se vuelca cuando sopla la brisa aún cuando se incline mucho hacia un lado? Porque bajo el agua tiene una quilla con lastre. El equilibrio del velero es posible gracias a la armonía entre lo que está arriba y lo que está abajo. De otra forma sería imposible guiarlo y se volcaría con el menor soplo de viento.

Imagina la quilla como una gran aleta que cuelga de la barriga del velero. Rellena con plomo u otro material muy pesado, su función es compensar las fuerza del viento en las velas. Además, por tener forma hidrodinámica, ofrece poca resistencia cuando se mueve hacia delante, pero crea una gran resistencia si el movimiento es lateral. Por eso los veleros pueden navegar a favor del viento (cuando son empujados) y también en una dirección cercana al punto desde donde sopla el viento (cuando lo remontan).

Es un juego de energías fascinante, y a la vez, una excelente metáfora de nuestro andar por la vida.

Lo que nos mantiene en movimiento y equilibrio no es solamente aquello que vemos y de lo que somos conscientes. También entra en juego lo que está sumergido. Y no me refiero únicamente a los niveles más profundos de nuestra mente, que sin duda tienen un rol muy importante, sino a las fortalezas y habilidades que cultivamos en nuestro mundo interior. Ellas serán como la quilla de nuestro velero. Así podremos sortear tormentas y disfrutar días de brisa amable.

Cuidar un velero no se limita a mantener la cubierta limpia y las velas en buen estado. También hay que limpiar bajo el agua, retirando del timón, el casco y la quilla, las algas y caracoles que se adhieren. Observando esto en paralelo, es como decir que no basta la alimentación, el ejercicio y la higiene corporal para vivir en bienestar. También hay que encargarse de la mente para desechar la basura, pues aunque no la veamos, su efecto sobre el equilibrio personal es determinante. Igualmente hay que mantener el lastre en el peso justo, recargando la mente con aprendizajes y pensamientos positivos. No basta con pulir lo que está arriba, hay que lanzarse al agua para hacer mantenimiento allá abajo. Seguro conocerás gente que luce muy bien en la superficie, pero que al menor golpe de los elementos pierde el rumbo y corre el riesgo de hundirse.

A diferencia de un velero, que ha sido diseñado para mantenerse equilibrado en casi todas las circunstancias, los humanos debemos trabajar cada día para acercarnos a ese equilibrio. Debemos cuidar lo que está a la vista, así como también lo que encierra nuestro mundo interior. Reforzar la quilla es una buena forma de garantizar el arribo a puerto seguro. Así que dedica tiempo, atención y energías a desarrollar tus fortalezas. Cuida de ti arriba y debajo de la superficie. Conéctate con los aspectos más visibles de tu ser, así como los más profundos y determinantes. A fin de cuentas, eres capitán de tu destino, ¿no?

Y todo capitán necesita un barco en buen estado para completar con éxito su travesía.

GQI-EliBravo

* Cortesía de Inspirulina. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.