Hasta hace muy pocos días creía firmemente en que la esperanza era una cualidad maravillosa, un sentimiento mágico con el que podemos seguir adelante, algo realmente mágico y transformador.

Sin embargo, en este camino de la vida, he aprendido que es sano permanecer con la mente y el corazón abiertos para escuchar y recibir nuevas versiones de la vida, de otros puntos de vista, de posturas distintas a las que yo he tenido o que la humanidad ha sostenido por miles de años. Eso me ha permitido crecer y descubrir mucho más en mí y en la vida misma, lo que resulta en un impulso más para crecer, ser mejor y ser más feliz.

Recientemente estuve conversando con un coach colombiano llamado “Luis Miguel Trujillo” autor del libro Haz que Suceda y dentro de sus ideas completamente opuestas a todo lo que nos han enseñado él decía: “se dice que la esperanza es lo último que muere… ¡pues no! Debería ser lo primero que no debería existir para que podamos pasar a la acción de transformar, crear u obtener eso que deseamos” . Yo me quedé con la boca abierta y confieso que una resistencia a este concepto (posiblemente de tipo espiritual o religioso) saltó dentro de mí: “Si la esperanza muere, ¡entonces no hay esperanza para nada! ¡Estaríamos perdidos!”

Sin embargo, él empezó a desglosar sus conceptos: “Esperanza viene de esperar”, a que suceda algo. ¿Por qué no dejamos de “esperar” y hacemos algo para conseguirlo?  Si yo mantengo la esperanza de que algún día voy a lograr terminar mis estudios, o comprar mi casa, o empezar mi negocio… si me quedo sólo en la esperanza. Seguiré esperando y no me invita ni me inspira a empezar aquí y ahora a crear, a emprender, a poner en acción mis herramientas y recursos para lograr eso que estoy dispuesto a “esperar”. ¡Tenía su punto! ¿Cuántas veces -literalmente- nos quedamos esperando sentados en la esperanza de que algún día ocurrirá? En lugar de levantarnos de nuestro cómodo sillón y ponernos a trabajar para que eso suceda.

Leyendo el libro “El poder del ahora” de Eckhart Tolle, expone en el mismo el “peligro de la esperanza” ¿Cómo? Una vez más me chocó que le llamaran peligroso a algo tan bonito. Lo que mencionaba el autor es que la parte peligrosa de la esperanza es estarse proyectando hacia el futuro con la creencia de que siempre será mejor. ¿Y eso qué tiene de malo? Si nos enfocamos y creemos que en un futuro las cosas serán mejores, nos perdemos de la posibilidad de aprovechar el ahora, todo lo que tenemos ahora. Aquí sí me hizo “click”.   Me encanta promover en mis conferencias el enfoque del “ahora” y me gusta recordar a los asistentes que “vivimos más en nuestra mente que en nuestra vida que es ahora”. Todo lo que tenemos, nuestra vida se desarrolla ahora.

No puedo asegurar que ahora soy una rompe-esperanzas, solo comparto lo que llegó a mi vida y me hizo replantearme ¿cómo utilizo la esperanza en mi vida? Me ha servido para cuestionarme qué más puedo vivir y hacer ahora. Aunque mantenga algunas esperanzas, deseos y sueños… no puedo negar que todo eso nadie me lo asegura y lo único que sí tengo y con lo que sí cuento es el ahora.

Aprender a construir aquí y ahora con el fin de aprovechar mi gran regalo de la vida, dejando la mala costumbre de vivir en el futuro creyendo que es allí donde puedo estar mejor, cuando es ahora todo lo que tengo para estar y ser mejor, es también aprender a vivir a colores.

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.