«Quisiera parecerme a… quisiera lucir como… quisiera ser talla 0…». Estos son planteamientos que a diario escucho en mi consulta. Los estereotipos de belleza instaurados en nuestra sociedad como un valor, pueden influir hasta el punto de pretender cambiar el aspecto físico, para siempre.

Como el cuento infantil «La bella y la bestia», muchos sueñan con la posibilidad de transformarse, como por acto de magia, en un individuo de sublime belleza.  Vivimos en la región de las misses, donde los medios, publicidad y apariencia de los famosos crean falsos estereotipos que muchos desearían conseguir, a costa incluso de su propia vida.

Cuántas veces has deseado o escuchado: «Quisiera la cintura de Thalia, los labios de Angelina Jolie o los abdominales de Superman». Sin embargo, cada ser humano tiene una morfología y un encanto particular, que incluye forma del rostro, labios, ojos, condición física, contextura, por solo nombrar algunos puntos. Es imposible que una mujer de 50 años luzca como de 15, y además con los rasgos de Scarlett Johansson.

El Trastorno Dismórfico Corporal o Hipocondría de la Belleza (TDC) afecta al 2% de la población mundial. Describe una preocupación desmedida por algún defecto físico, sea real o imaginado. Quien lo padece, desea con angustia «imitar» el rostro o cuerpo deseados, o en otros casos «agradar», bien sea a su pareja o al entorno. Esta inconformidad «física» le impulsa a someterse a numerosos tratamientos estéticos y a pasar por el quirófano en más de una oportunidad, llevándole muchas veces a la depresión por no alcanzar la «perfección» anhelada. Esclavo del espejo, limita sin darse cuenta su vida personal, sexual, familiar y social.

No digo que esté mal someterte a algún tratamiento estético, siempre y cuando no sea por satisfacer las expectativas de otros. Busca dentro de ti y enfócate en fortalecer tu autoconfianza y autoestima.

  1. Acéptate y valórate tal cual eres. Todos los seres humanos tenemos un encanto particular. Encuentra el tuyo y explótalo.
  1. Practica el autoelogio. No te maltrates, trátate a ti mismo con amor.
  1. Muévete. Está demostrado que hacer ejercicios nos hace sentir más atractivos, aumenta las endorfinas y ayuda a combatir la depresión.
  1. Vive el presente, disfruta aquí y ahora de cada momento de tu vida.
  1. Saca tiempo para ti, busca tu bienestar y tu autosatisfacción. Un tratamiento de belleza nunca está de más, siempre y cuando no te conviertas en esclavo de tu apariencia. Eso sí, ponte siempre en manos médicas profesionales que busquen conservar la expresión natural de tu rostro, mejorando la apariencia de tu piel y de tu cuerpo, sin pretender convertirte en quien nunca has sido.
  1. Si sientes que «no lo puedes manejar», estás deprimido y con angustia desmedida por algún defecto de tu cuerpo, busca ayuda psicoterapéutica profesional.

Si eres de contextura gruesa, por muchas cirugías, dietas y ejercicios que hagas, nunca podrás llegar a tener una cadera estrecha. Si tienes labios finos, debes saber que no existe una inyección que de forma definitiva aumente su grosor sin poner en riesgo tu salud o tu vida. Mi misión como médico es trabajar por tu bienestar, lo que no solo se circunscribe a la parte física. La estética, definitivamente, es importante; pero como todo, en exceso, puede ser perjudicial si no se fortalecen la mente y el espíritu al mismo tiempo.

Recuerda siempre: «cada ser humano es único e irrepetible»… La «verdadera belleza está dentro de ti y se reflejará en tu espejito, espejito».

@KlaraSenior

* Cortesía de Klara Senior. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.