Por momentos es fácil creer que las cosas han cambiado y que vivimos en un mundo donde las ambiciones de hombres y mujeres son consideradas por igual. En ese momento recibes un llamado de tu esposo en el que te avisa que hoy tampoco podrá recoger a los niños de sus actividades, porque tiene una reunión con clientes. Supone que tú —que también trabajas a tiempo completo y tienes un trabajo exigente— te las arreglarás. Y ahí caes en la cuenta de que todavía hay un largo camino por recorrer.

Esta doble carga que enfrentan las mujeres tiene un peso enorme en sus vidas y en su capacidad de avanzar en sus carreras. Porque mientras los hombres dedican un buen porcentaje de su tiempo a expandir sus redes de contacto, socializando después del trabajo, las mujeres corren a casa a preparar la cena. Cuando los hombres se sienten libres de asumir riesgos y aceptar retos que les dan mayor visibilidad en sus empresas, las mujeres evalúan si asumir mayor responsabilidad les coartará el tiempo dedicado a la familia. Esta doble carga es, en parte, responsable por la falta de mujeres en puestos jerárquicos.

La pregunta es cómo romper con tradiciones culturales que no por ser «tradiciones» deben continuar perpetuándose si perjudican a la sociedad. Cómo deshacerte de la prerrogativa de que si quieres trabajar a tiempo completo, igual debes seguir ocupándote del hogar y la familia.

Sin duda la mejor manera de terminar con costumbres ancestrales es proponer una nueva tradición que beneficie a todos. Y como es sabido que cuanto mejor les va a las mujeres, mejor le va a la sociedad, tenemos que ponernos en marcha para efectuar el cambio.

Lo primero será lograr que tu pareja y tu familia entiendan cuán importante es tu carrera profesional para tu bienestar y el de cada uno de ellos, y luego deberás empoderarlos para que asuman algunas obligaciones que puedas delegarles. Claro que, como con todo lo que implica un cambio, es más fácil decirlo que hacerlo. Pero confío en que tienes la fuerza y determinación para dar los pasos necesarios.

Explica a tu familia el valor de tener éxito profesional: el beneficio económico, social, emocional, psicológico y de ejemplo para tus hijos. La satisfacción personal que obtienes de sentirte útil, reconocida y bien recompensada por tu experiencia y tu talento. Cuánto mejor es para la familia que estés feliz y no frustrada.

Encuentra maneras de sumarlos como aliados, asignando responsabilidades acordes con la edad y la capacidad de cada uno. No te enfoques en cuánto mejor puedes hacer tú las cosas que delegas. Es preferible que las hagan terceros, aunque no salgan perfectas. Y, para que tus aliados mantengan el entusiasmo, debes reconocer sus esfuerzos, halagarlos cuando corresponda, premiarlos con atenciones que sean valiosas para ellos.

Usa el canje como estrategia para aliviarte de obligaciones. Por ejemplo, ofrécele a tu vecina que deje a sus hijos en tu casa con tu baby sitter dos veces por semana (días en que ella se puede tomar la tarde libre), y a cambio, que ella recoja a tus hijos de la clase de gimnasia otras dos veces por semana (para que no tengas que salir antes del trabajo para recogerlos tú).

Llega a pactos equitativos con tu pareja. Si él se va los domingos a jugar al fútbol con los amigos, tómate un día para salir con tus amigas. No uses el tiempo libre de este «canje» para hacer cosas de la casa. Aprende a tomarte el tiempo para nutrirte y para ocuparte de ti. A veces es difícil encontrar estos momentos para mimarse, pero son fundamentales para mantenerte fuerte y sana.

Si das estos pasos en forma deliberada y consistente, de a poco irás rompiendo con esa tradición que ya no le sirve a nadie y contribuirás a construir una sociedad más rica y balanceada para todos.

GQI-MarielaDabbah

* Cortesía de Mariela Dabbah. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.