Me imagino que te estás diciendo a ti mismo: “¿cómo yo puedo ser un líder?, eso es para otras personas que logran convertir sus sueños en grandes realidades, son personas que lo han tenido todo para llegar a ser lo que son”. Te equivocas, tú sí puedes ser un líder, si pones toda tu confianza en sacar lo mejor de ti y en enfocarte en lo que necesitas para llevarlo a cabo.

Un buen líder no siempre logra sus sueños. Le pasa lo mismo al común de las personas. El líder es definitivamente una persona común, como todos los seres humanos. La distinción radica en que debe estar sumamente motivado, a diferencia del resto de la gente. Con esa actitud puede desarrollar todo su potencial y canalizarlo de manera productiva por una determinada dirección. Por lo general, cultivamos ideas equivocadas en relación al líder, considerándolo un constante realizador de sus sueños; alguien que siempre alcanza sus objetivos y mucho más.

Sin embargo, erramos si creemos eso. No siempre el líder logra lo que ambiciona, a pesar de que se enfoque en sus metas. Es muy importante entender esto bien, para no crear falsas expectativas en cuanto a las potencialidades de un buen líder. El líder también pierde y falla, mucho más que el común de las personas, por el hecho de que se arriesga más. A pesar de eso se mantiene activo, perseverante y con la constancia necesaria para lograr sus sueños, en vez de sentirse derrotado e inseguro.

El buen líder sabe enfrentarse con los problemas identificándolos como importantes desafíos, poniendo su esfuerzo en encontrar las soluciones sin quedarse atascado a las garras del problema como tal. El líder suele proyectar imágenes positivas a sus seguidores o compañeros de trabajo, también en su casa, con sus hijos, familia y con sus amigos. De esta forma el líder puede inspirar a otros a que sueñen, pues así lograrán captar de igual manera su visión, en definitiva su ideal.

Por eso es muy importante, queridos lectores, que cada uno concentremos esfuerzos en comportarnos como líderes en nuestras áreas de competencia, no importando cuántos otros líderes estén por encima de nosotros. Realizar nuestras actividades con honestidad y cabalidad, nos permitirá demostrar con hechos, con acciones, lo que decimos con las palabras y esto reflejará a su vez la sinceridad de cada uno.

Una herramienta imprescindible para un buen líder es la esperanza, ya que su desempeño personal y profesional no se debe basar solamente en sí mismo, sino en su fe y en su conexión con Dios. El líder revestido de esperanza mantendrá una actitud humilde y entenderá siempre las limitaciones sujetas a su propia visión, reconociendo la existencia de circunstancias imposibles de ver anticipadamente. Con la esperanza, el líder podrá ampliar el espectro de su visión y ver con mayor claridad cuáles pueden ser sus actuaciones y ejecuciones en las diversas situaciones por enfrentar.

Los buenos líderes de la historia tuvieron grandes sueños y por lo general una amplia visión. Ellos y ellas veían por encima de las circunstancias de aquellos momentos, con total certeza, convicción y esperanza, de que esos sueños se harían realidad en el futuro. En la mente del líder, esas situaciones no son una posibilidad, más bien representan un hecho real.

No importa que nuestras acciones como líderes no permanezcan escritas en los textos de la historia, no importa que nadie nos reconozca como tales. Lo importante es que -si queremos- podemos llegar a convertirnos en verdaderos líderes de nuestras vidas y de un prometedor camino a seguir.

Tips para ser un buen líder:

  • El buen líder sabe vivir de acuerdo a sus valores y los pone ante todos los problemas y personas.
  • El buen líder confía en sus destrezas y hace uso de estas.
  • El buen líder no se desanima ante los problemas, por el contrario se crece en medio de los desafíos.
  • El buen líder sabe que el éxito es una actitud de vida, es pensar y sentirse exitoso.
  • Recuerda el buen líder que tienes dentro de ti, tiene un potencial ilimitado y ya es hora de que comiences a ponerlo en uso.

Elige saber vivir. Hasta la próxima. ¡Bendiciones!

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.