¿Está la tuya en peligro y ni siquiera te has dado cuenta? No es la infidelidad porque este factor ataca inclusive a las parejas fieles.

Imagínate esta situación. Estás por llegar a casa soñando con comer el delicioso guiso picante que le encargaste a tu cónyuge con receta en mano. Abres la puerta y vas derechito a la cocina y lo que encuentras no te agrada en lo más mínimo:

“¿Qué clase de idiota no se da cuenta de la diferencia entre pimiento rojo y rocoto?”, le gritas a tu pareja al constatar, después de probar el guiso, que no usó el rocoto (un tipo de ají peruano de apariencia similar al pimiento rojo) y que, como consecuencia, el supuesto guiso picante no pica nada.

Tu pareja te mira estupefacta y responde: “Nunca en mi vida había visto antes un rocoto y los tenías juntos en el cajón de la refrigeradora, me confundí…” ¿Te das cuenta de que tu reacción fue exagerada y le pides disculpas por haberla llamado idiota? o refuerzas tu descontento agregando: “Debes vivir en otro planeta,  ¡no conozco a nadie inteligente que no sepa cómo luce un rocoto!”.

Este tipo de respuesta te coloca en una posición de superioridad que revela cierto grado de desprecio hacia tu cónyuge y, ciertamente, está poniendo tu relación en peligro. Como lo sostengo en mi octavo libro “Al rescate de tu comunicación de pareja”, el uso del desprecio en el diálogo invalida el proceso comunicativo entre marido y mujer.

Cuidado con el beso de la muerte

El desprecio es el factor que más destruye relaciones amorosas, en opinión de John Gottman de la Universidad de Washington y Robert Levenson de la Universidad de California en Berkeley,CA, quienes lo llaman “el beso de la muerte”. El desprecio es mucho más tóxico que la frustración y la negatividad. Es una virulenta mezcla de ira y disgusto que te lleva a ver a tu pareja como inferior a ti, no como tu igual. Conlleva desaire, desdén, falta de estima y, como su nombre lo indica, falta de aprecio.

Después de estudiar a 79 parejas residentes en la zona central del oeste de Estados Unidos por 14 años (21 de las cuales se divorciaron durante el período de estudio), Gottman y Levenson concluyeron que la presencia del DESPRECIO en la relación predice -con un 93% de acierto- la futura separación de la pareja .

Otra investigación reciente realizada por Gottman con 373 parejas de recién casados descubrió que las parejas que se gritaban mutuamente demostrando desprecio en el primer año de su matrimonio tenían mayores probabilidades de divorciarse que las que no lo hacían. Y que la postura despectiva se debía a un complejo de superioridad de uno de los dos (o de los dos).

Cuando te sientes más inteligente, más capaz o mejor que tu media naranja, no solamente eres menos proclive a respetar sus opiniones y aceptarlas como válidas sino que también te importa menos practicar la empatía para ponerte en su lugar y contemplar la situación desde su perspectiva. Las relaciones amorosas deben ser simétricas, entre dos personas en condición de igualdad que se respetan mutuamente. Y el desprecio rompe la relación simétrica para instaurar una relación complementaria, desbalanceada, desequilibrada, enferma.

Si percibes que tú o tu pareja manifiestan desprecio hacia el otro con cierta frecuencia, no desesperes. Ya diste el primer paso. Tomar conciencia de que lo que haces puede estar afectando negativamente a tu otra mitad es un paso crucial para solucionar el problema. Si no puedes cambiar tu conducta (o es la de tu pareja y ella no quiere ni puede reconocerlo) es hora de buscar ayuda para salvar tu relación -de una buena vez por todas- del despreciable “beso de la muerte”.

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.