Si viajas a este hospitalario paraíso, hallarás una cultura que comparte la tierra, los alimentos y los dones.

Conocer Fiji es descubrir que aún hay lugares donde las personas no viven al dictado del estrés. Esta tierra es un elogio al tempo natural de la vida. Un ritmo que, en algún momento, nosotros tuvimos: ver nacer el día con el sol, levantarnos al cantío del gallo, irnos a dormir cuando la luna nos acaricia en las noches.

En Fiji leí un eslogan que decía: “100% carefree”. Significa que nada nos importa cuando estamos allí. Y esa fue mi sensación al escuchar las dos palabras que ellos más utilizan: “bula”, que quiere decir “hola”, y “vinaka”, que se traduce como “gracias”. Gracias y hola, dos términos que difícilmente escucharás en el elevador de un lujoso edificio occidental…

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