Las neuronas son las células nerviosas encargadas de transmitir la información a través del sistema nervioso. Nuestro cerebro produce y procesa nuestras emociones usando la energía que procede del metabolismo celular.

Experimentos científicos demuestran que cuando a una persona se le muestra un objeto, este genera cierta sensación que hace que determinada zona de su cerebro se active; lo mismo sucede si luego le pedimos a esta persona que solo piense en ese objeto, se activa la misma red neuronal que desencadena en el organismo las mismas sensaciones producidas al estar observando el objeto; pensemos en una jugosa manzana, ¿no se nos hace agua la boca?

Entonces, ¿cuál es la realidad? ¿La que vemos con nuestros ojos? ¿O la realidad es lo que sentimos con todo nuestro ser?

La ciencia demuestra que para el cerebro es lo mismo lo que ve afuera que lo que recuerda ya que se activan las mismas neuronas.
Una emoción es la forma en que entendemos o reconocemos en nuestras mentes un hecho.
Una red neuronal es un conjunto de neuronas conectadas entre sí por “ramas” o “brazos” que cada una posee; en los lugares en donde se conectan se almacenan recuerdos o pensamientos.
El cerebro elabora sus ideas y conclusiones a través de lo que se llama “memoria asociativa”, esto hace que, si tuvimos una experiencia desagradable, por ejemplo una relación amorosa en donde experimentamos tristeza; cada vez que pensemos en el amor experimentamos el recuerdo de la tristeza.

Así vamos creando el mundo exterior, asociando cada cosa con la emoción que nos generó, nos hacemos creer que tal o cual emoción sería generada por tal o cual experiencia. Muy probablemente pocas veces seamos objetivos con respeto a lo que creemos ya que asociamos todo a la sensación que tuvimos en la experiencia previa con esa “cosa” o situación.

También sucede que si practicamos mucho una sensación o pensamos mucho en un tema que nos genera una y otra vez la misma sensación, entonces las neuronas establecen una relación a largo plazo porque están constantemente reconectándose, una y otra vez. De igual manera, las células nerviosas que no se conectan entre sí (por ejemplo, si no sentimos con frecuencia alegría) pierden la costumbre de relacionarse.

Entonces, es una buena costumbre interrumpir los pensamientos negativos porque cada pensamiento causa una reacción química en el cuerpo, así, las células conectadas cuando suceden estos malos pensamientos empiezan a perder la relación que tenían y el cuerpo deja de experimentar esas sensaciones.

En el hipotálamo, que es una parte del cerebro, se fabrican sustancias químicas para responder a cada una de nuestras emociones, estas sustancias se llaman péptidos. Hay péptidos para el enojo, para ser víctimas o para la compasión, hay un péptido para cada emoción que experimentamos, cuando vivimos ese estado, el hipotálamo fabrica ese péptido y lo dispara a la sangre para que recorra distintas partes del cuerpo. Cada célula del cuerpo tiene en su membrana receptores y cada péptido encaja con un receptor específico; cuando un péptido se une a un receptor envía a la célula una señal que genera varias reacciones bioquímicas.

Como consecuencia de esto, atraemos sustancias que puedan saciar la necesidad bioquímica de nuestro cuerpo, para esto creamos situaciones que generen emociones que cubran nuestras necesidades químicas. Si nuestras células están acostumbradas a recibir péptidos provenientes de la melancolía, entonces sentiremos la necesidad de generar situaciones que nos pongan en estado melancólico ya que las células necesitan eso, es como una adicción.
Cuando no podemos controlar un estado emocional es porque hay una adicción química al mismo.
Nosotros somos emociones, fíjense la importancia de tratarlas, podemos darnos cuenta de la influencia que tienen en todos los procesos de nuestro cuerpo.

Cada una de las flores de Bach posee una vibración molecular determinada por las sustancias que componen la esencia, esta vibración es capaz de transferirse y modificar la energía vibracional de los neurotransmisores o péptidos, de esta manera cambian la información que éstos transmiten, esto acarrea obviamente, el cambio en el estado de ánimo.

De todos modos a veces es necesaria la ingesta de la flor por un tiempo, el tiempo suficiente para que el organismo adopte la nueva forma de vibración puesto que las moléculas deben aprender la nueva forma de manifestarse mediante una inducción constante y repetida para que se conecten una y otra vez las neuronas que no acostumbraban conectarse y generen un vínculo a largo plazo, además de interrumpirse el equivocado vínculo anterior.

GQI-VivianaBergman

* Cortesía de Viviana Bergmann, La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.