En mi columna anterior les ofrecí las predicciones para el nuevo año 2017 usando una técnica milenaria, la del “Feng Shui Personal”, en ese caso aplicado al año, analizando las energías del año. Si bien lo más conocido es el Feng Shui de las casas, existe el Feng Shui aplicado a la persona que nos sirve para realizar un “diagnostico”, esta palabra, que habitualmente asociamos a medicina, se refiere en realidad al análisis que podemos hacer para determinar cualquier situación y cuál sería la tendencia asociada.

De este modo usamos el Feng Shui Personal para determinar la “tendencia” que tiene una persona, podemos observar su circuito energético y ver la forma de armonizar esas energías para que fluyan de la manera más conveniente, como se hace en las casas con el Feng Shui ambiental.

Esta técnica nos enseña que todos nacemos con dos energías, una está hacia afuera, es la energía externa, es lo que los demás pueden ver de nosotros, se relaciona con nuestro cuerpo y condiciona nuestra mirada acerca de la vida. O sea, esta energía externa supedita lo que pensamos sobre la profesión, los hijos, cuál es nuestra visión sobre la imagen pública o nuestros padres, etc. Es nuestro punto de vista acerca de cada una de las diferentes áreas de nuestra vida.

Pensamos acorde a nuestra energía externa.

Y tenemos por dentro otra energía, la energía INTERNA, es aquella que los demás no pueden ver en nosotros rápidamente, salvo que nos conozcan de mucho tiempo, que convivan con nosotros y en casos excepcionales en situaciones donde la “sacamos” a la luz. Esta energía se relaciona con nuestras emociones y condiciona nuestra manera de sentir, el modo en que nuestro estado de ánimo procesa aquello que nos va sucediendo.

Sentimos acorde a nuestra energía interna.

Vale decir, todos tenemos dos energías, la externa condicionando nuestras opiniones inmediatas acerca de lo que tenemos enfrente y la interna influyendo en nosotros a través de lo que sentimos. Obviamente, de la interacción entre ambas energías, surge un temperamento; no hay que obviar ninguna aunque siempre tengamos a la vista la externa, pues, un sentimiento (que vendría de la energía interna) bien puede hacernos cambiar la dirección en la vida aunque nuestra visión (externa) de la situación nos indique que deberíamos hacer lo contrario.

Hay que tener, por tanto, en cuenta las dos energías con las que contamos, ya que ambas tienen influencia en nosotros. Y también atender a las dos, comprender como funcionan, sus necesidades y respetarlas como tales, ya que si priorizamos una por encima de la otra, esto hace que se produzca un desequilibrio que un día podría tener consecuencias desagradables, esto se debería a que la energía a la cual no atendemos no tendría vías para fluir y sufriría una “acumulación” que podría ser causa de un desborde emocional o una somatización.

Estas dos energías se relacionan con los cinco elementos que son el agua, la madera, el fuego, la tierra y el metal.

Vale decir, luego de realizar un cálculo matemático con nuestra fecha de nacimiento, podemos saber de que “estamos hechos”, que energía o elemento tenemos por fuera y cual por dentro.

Entonces, para entender el funcionamiento de nuestras energías deberemos primero entender a estos cinco elementos ya que tenemos la energía de uno de ellos por dentro y la de otro por fuera.

Obviamente puede suceder que tengamos el mismo elemento dentro y fuera. O pueden ser diferentes y, siendo diferentes, llevarse bien, mal o muy mal; y de esto dependerá nuestro carácter y nuestros estados de ánimo. De acuerdo a la forma en que interaccionen estas dos energías o elementos nuestra vida se verá y sentirá de determinada manera.

El hecho de poder entender como pensamos y sentimos es una gran herramienta de auto conocimiento, al igual que conocer como piensa y siente otra persona es primordial para lograr una mayor empatía consiguiendo de ese modo relaciones más saludables.

* Cortesía de Viviana Bergmann, La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.