¿Qué piensas de la combinación de una persona introvertida con una extrovertida? ¿Qué pasa si ella quiere quedarse en casa tomando un baño de burbujas mientras él desea salir a divertirse a la discoteca?

Si de lo que se trata es de establecer una relación duradera, la sensación de fascinación ante lo desconocido suele convertirse en fastidio una vez que los dos viven bajo el mismo techo. Veamos el caso específico de una mujer extrovertida con un hombre introvertido. Al inicio de la relación, su verborrea le parece encantadora, se queda embelesado mirándola y escuchándola hablar con efusividad, pero luego de un tiempo de compartir el mismo espacio, él se pregunta cuándo parará la cotorra y lo dejará gozar de algo de silencio.

Otro punto crucial a considerar es el deseo de uno de ellos de socializar versus el anhelo del otro por privacidad. Lo que conduce a la necesidad de aprender a negociar para lograr cierto balance en la satisfacción de las necesidades de ambos. El éxito de una relación de este tipo depende de cuán positiva es la actitud de cada uno hacia el otro en cuanto a entender, aceptar y respetar su identidad sin pretender cambiarla.

Claro que no todo es negativo en una pareja dispareja. El contrapeso que el introvertido provee al extrovertido puede servir de mucho, por ejemplo, cuando el segundo quisiera quedarse hasta la madrugada en una fiesta y el primero le recuerda que hay que trabajar al día siguiente. Y entonces más que negociar para ver quién se sale con la suya en una situación específica, una pareja de este tipo se puede ver beneficiada por el aprendizaje a partir del respeto a las diferencias. Lo que le falta al uno lo tiene el otro. Y de eso se trata la relación amorosa: de complementarse, no de competir. De aprender a lidiar con los problemas como equipo, comprendiendo que el otro siente, piensa, habla y actúa diferente y tiene tanto derecho a ello como nosotros a ser nosotros mismos.

Pero a pesar de la creencia popular de que los opuestos se atraen, numerosas investigaciones demuestran que las parejas casadas tienden a parecerse sobremanera en una gran variedad de rasgos. Como diría Platón: “Las similitudes engendran la amistad” y la amistad es una fabulosa plataforma para el amor duradero.

Hasta hace pocos años, los investigadores no sabían con certeza si los rasgos compartidos por los cónyuges sobrevenían con el tiempo que se compartía en pareja, o eran rasgos similares presentes desde antes de que ellos se conocieran. Un estudio publicado por Tognetti, Berticat, Raymond y Faurie (2014) ha abierto nuevas ventanas a esta cuestión. Encontraron que los habitantes de una región rural de Senegal escogían contraer matrimonio con alguien que fuera tan cooperativo y amistoso con los demás como el propio individuo.

Por su parte, David Berlo, uno de los creadores de los primeros Modelos de Comunicación en la década del 70, afirmaba que a mayor similitud en los intereses, necesidades, estilos y maneras de ser y pensar entre los participantes en un proceso de comunicación, mayores posibilidades de lograr una comunicación efectiva. Y la comunicación efectiva es otro pilar fundamental para que una relación dure.

Mi recomendación para los que tomarán el riego de casarse con un polo opuesto es que no lo hagan en la primera etapa del enamoramiento, mientras todo es deslumbramiento y fascinación, sino que esperen a conocerle bien los defectos a su pareja para entonces dar el Sí sobre bases más sólidas.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.