¿Qué es ese conjunto de rasgos que llamamos La Hispanidad? ¿Se trata solo del conjunto de pueblos de origen hispánico que, diseminados por todo el mundo, expresan las columnas básicas de la cultura española?

Paradójicamente, quien sembró la raíz de La Hispanidad, gracias a sus fuertes convicciones renacentistas, su perseverancia y su confianza en sí mismo, fue Cristóbal Colón, cuyo origen no era español. La vida y la historia del ser humano están llenas de caprichos.

No pretendo hacer una apología de Colón, ni de lo que vino después con la sangrienta conquista de América. Mi intención es demostrar que La Hispanidad tiene su génesis en tres de las virtudes más encomiables del ser humano: la esperanza, la perseverancia y la fortaleza.

Hoy día ya es axiomático el desarrollo de los pueblos de descendencia hispánica, a poco más de cinco siglos del trascendental encuentro. La defensa de su cultura, el respeto a las tradiciones, el apego a sus creencias y el afán por salir adelante, bajo cualquier circunstancia, así lo patentizan.

El mundo no sería el mismo sin nuestra música excepcional, mezcla de ritmos africanos, españoles, suramericanos y caribeños, un amasijo sonoro supremo, alegre y único; sin nuestra cocina, sazonada con una mezcolanza de sabores tradicionales que la hace inigualable, y, en general, sin el desarrollo del arte y la literatura hispanos, que nos permiten ocupar un lugar de privilegio en medio de tantas culturas diferentes.

El crecimiento demográfico de La Hispanidad es significativo, incluso en países de cultura anglosajona, como Estados Unidos, donde ya la cifra asciende a 45 millones de personas. En la actualidad, más de 495 millones hablan español, convertida en la segunda lengua por número de hablantes, después del chino mandarín, y en el segundo idioma de comunicación internacional, después del inglés.

Es real que la conquista de la América española vivió terribles excesos. Muchos aborígenes, bien por la violencia o sacudidos por desconocidas enfermedades, no soportaron y sucumbieron ante el embate arrollador español.

Sin embargo, pecaríamos de injustos si juzgáramos al pueblo español por la desmedida fuerza utilizada por los colonizadores y por su radicalismo religioso. Estaríamos haciéndoles el juego a los apóstoles del resentimiento.