Como mamá, muchas veces me he enternecido de ver a mis hijas frustrarse por algo que realizan la primera vez y no les sale. Quieren cortar con las tijeras y como solo logran prensar el papel, se enojan y dicen: no lo puedo hacer, ¡nunca volveré a cortar con tijeras!

El día que la mayor nos pidió que le quitáramos las rueditas de apoyo a su bicicleta y al sentirse tan inestable en las primeras pedaleadas, se bajó llorando y dijo: no volveré a montar bicicleta. Para cada una de estas situaciones y muchas otras yo les he dicho: inténtalo una vez más, sigue practicando ¡intenta!

Siempre me ha parecido que “con intentar no se pierde nada”, como dice la frase. He sido de la idea de que ganamos más si intentamos, porque nos daremos cuenta de si somos capaces o no, he creído que cuando estamos en la disposición de intentar estamos dando ese gran paso que, me parece, es de los más difíciles de dar en cualquier emprendimiento y es el de soltar el miedo al fracaso y de ponernos manos a la obra ¡accionar!

Recientemente estuve entrevistando a una buena amiga y una excelente life coach llamada Vanessa León.   Y algo mencioné del asunto de “intentar” que ella me dijo: “Tuti, intenta tocarme la cabeza” y yo alargue la mano y, creyendo que ella esquivaría el movimiento, le toqué la cabeza. “No, Tuti, no dije que me tocaras la cabeza, te dije que intentaras tocarme la cabeza” y entonces hago como si la tocara, pero no lo la toco. “ No Tuti, no dije que no me tocaras la cabeza, dije que intentes tocarme la cabeza”. Me quedé en blanco y no pude evitar soltar la carcajada. “¿Ves?” me dijo Vanessa, ¡intentar no existe! O lo haces ¡o no lo haces! “La palabra intentar no existe en el camino del crecimiento”.

Y entonces me quedé dándole vueltas al asunto y si bien utilizamos la palabra intentar precisamente para eso, para emprender una acción. La propia palabra nos deja todavía un margen o una idea de fracaso, nos permite quedarnos con un poco de ese miedo y escudarnos en el “al menos lo intenté” ¿no?

A mí me encanta promover el juego del “como si” ¿lo han jugado? En mi libro lo menciono y en mis conferencias me encanta hacer una pequeña demostración del mismo.  ¿Lo conocen? Es el juego favorito de los niños. Estoy segura que era uno de nuestros juegos favoritos cuando éramos peques y lamentablemente nos entra el adulto y nos lo tomamos muy en serio que dejamos de jugar a las cosas importantes de la vida, como jugar al “como si”. ¿Cuáles son las reglas? Tomar muy en serio el juego y entregarnos con alma y cuerpo al mismo. Si una niña juega a las hadas y consigue una rama de arbusto la cual mueve “como si” fuera una varita mágica, con la que convierte su pantalón y blusa en un hermoso vestido resplandeciente, y ella caminará, bailará y actuará “como si” lo tuviera de verdad. ¡OJO! Que el juego es super serio. Díganle a alguno de esta niña que no ve el vestido o que eso es una rama de arbusto. Jamás lograrán sacarle de su momento en que lucen su vestido y baila ¡está jugando en serio! Pero a nosotros se nos olvida este juego, qué pasaría que si en este momento decidimos jugar al “como si”.

A ver, hagamos “como si” este fuera el mejor momento de mi vida, “como si” esto que tengo enfrente es todo lo que he deseado por tanto tiempo, “como si” este es el trabajo de mis sueños, “como si” finalmente he logrado ser la persona que tanto he luchado por ser. A ver, juéguenlo en serio, si no, ¡no sirve! Si lo logran jugar en serio (como cuando bailamos solos, que vaya si nos lo tomamos en serio y dejamos los prejuicios en la puerta del cuarto) observarán cómo su rostro, cómo su postura, cómo su actitud ha cambiado, parece que fuera de juego y así empieza. Pero poco a poco y si seguimos el juego verán que lo empezamos a internalizar y ¡el momento cambia!

¿Qué tiene que ver el “como si” con el intentar?  Que me parece que si yo digo: “intente hacer como si” sería un fracaso!!   Si yo digo «haga como si» Estoy dando el permiso de soltar el miedo pero estoy dando la orden de ¡HACER!

Estudios científicos han demostrado que “hacer como si” puede incluso, modificar nuestra fisiología y nuestra química cerebral, por lo tanto sí existen cambios reales en nosotros cuando adoptamos posturas, hacemos gestos o actuamos de determinada manera, aún cuando no es en un inicio auténtico lo que hacemos y sólo es en “juego”.

Dejemos de intentar, hagamos. Eso es también ¡vivir a colores!

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.