Nadie duda de la importancia que tiene el juego para el niño. Existen innumerables estudios que demuestran que, además de agradable, fomenta el aprendizaje social y emocional, promueve el desarrollo cognitivo y físico-motor, y apoya el desarrollo del lenguaje.

Lo que no resulta tan obvio es que el juego tiene un rol también muy importante en la adultez. Jugar satisface necesidades que el trabajo difícilmente puede cubrir.

El Dr. Stuart Brown da a conocer en el sitio del Instituto de Bienestar Integral que la mayoría de los premios Nobel, empresarios exitosos, artistas e intérpretes virtuosos, tienen una alta correlación entre las horas que pasan realizando su trabajo y las que se entregan con entusiasmo a las actividades lúdicas. ¡Más trabajo, más juego!

El juego sostiene en el adulto los valores de la infancia, a pesar de los años. Ayuda a mantener la fantasía infantil, muchas veces base del entusiasmo y de los grandes sueños. ¡Nunca dejemos de ser niños!