“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, estás peor que antes”. Esta frase pertenece a todo un sabio, al gran maestro chino Confucio. Pocos dudan que sea Confucio la personalidad más destacada de la filosofía asiática. En esto hay “pocas dudas”.

El ideario de Confucio está repleto de mensajes cortos y muy profundos y a veces tienen tantas lecturas y encierran tanta sabiduría, que no podemos menos que asombrarnos.

Para tratar el tema que nos ocupa, la duda, quiero tomar como base esta frase confuciana. Repito la frase: “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, estás peor que antes”.

La estructura de la frase tiene dos partes. La primera es: “Si ya sabes lo que tienes que hacer”. O sea, que hubo un momento en que no lo sabías y tuviste que agenciártelas para averiguarlo. Lo lograste, ya lo sabes. Ya resolviste ese contratiempo. Ya estás informado.

Desde ese punto de vista, actuaste de una manera positiva, que te permitió aprender cómo hacerlo y te acercó al conocimiento. La segunda parte de la frase sentencia: “[Si] no lo haces, estás peor que antes”. O sea, que el hecho de tener la certidumbre de cómo hacerlo y no hacerlo, valga la redundancia, trae como consecuencia que estés peor que antes, peor que cuando lo ignorabas todo.

Aquí viene mi primera pregunta: ¿Por qué no lo haces? ¿Qué razones provocan que ya sabiendo lo que tienes que hacer, no lo hagas?

Pueden existir varios motivos. Quizás la persona que inspiró esta frase en Confucio, enfermó después de haber encontrado la solución y todo es un problema de salud. No lo hace por un problema de salud, y de ahí el “estás peor que antes”.

Pero no creo que se trate de un problema de salud. Confucio, todo un sabio, profundizaba mucho en los temas espirituales. Por lo tanto, la falta de recursos para “hacer lo que ya sabes hacer” tampoco es, porque si no antes hubieras estado peor que ahora.

Estoy seguro de que la respuesta está en la naturaleza espiritual. Entonces, ¿será por haraganería? Hay gente que nace con un espíritu de haraganería tremendo, pero no, tampoco. ¿Por qué? Porque esa persona tuvo la disposición de averiguar lo que tenía que hacer, y eso lleva trabajo. Investigar entraña trabajo y dedicación.

Después de hacer estas disquisiciones, me pregunto: ¿Será la duda? Esa persona, después de saber lo que tenía que hacer, después de averiguarlo, ¿dudaba en hacerlo? Es aquí adonde quería llegar, porque estoy completamente seguro de que es la duda. La duda sí es una poderosa razón para “estar peor que antes”.

Imagínense que averigüemos, por necesidad, la manera de hacer algo y después comencemos a dudar si lo hacemos o no. ¡Eso es imperdonable! Eso sí es estar peor que antes. Este es el tipo de duda que provoca indecisión, que nos paraliza y nos hace perder tiempo en la vida.

La duda es un sentimiento humano y, como tal, debemos encaminarla y ponerla en función de nuestro beneficio. Si nos deja inertes, es mala, pero si logramos actuar apoyándonos en ella, se revierten las cosas. Se convierte entonces en algo provechoso.

Foto: Luke Tscharke