Los problemas de credibilidad del periodismo solo pueden solucionarse desde el propio periodismo. No hacen falta vacunas políticas. Allí donde hay margen para la profesión, los comunicadores deberíamos ejercerla de forma responsable e independiente, sin maridajes políticos. Así lo intentamos cada noche en CALA, un programa donde siempre queremos explorar distintas visiones sobre un mismo asunto.

 

No es fácil colocarse en el centro. Ningún periodista debe abdicar de su ideología, a la cual tiene derecho, como cualquier ser humano. Sin embargo, puedo asegurar que en CALA apagamos la ideología cuando encendemos las cámaras. Se trata de hacer periodismo, dejando a un lado nuestras filias y fobias.

 

El camino es sumamente complicado, porque hay quienes intentan entronizar sus opiniones y presentarlas como verdad única. Y mi visión del periodismo es, justamente, la opuesta. Nadie se extrañe entonces de que se produzcan choques entre ambos enfoques.

 

Mis mejores programas son los que confrontan tendencias contrarias; debates plurales, equilibrados y rebosantes de argumentos, para que los televidentes tomen sus propias decisiones. Si fuera por algunos, a ambos lados del espectro político, solo se presentaría la arista mas “conveniente” del problema. Desde ya aviso que en Cala eso no es posible: en nuestro programa hay espacio para los gobernantes y los opositores, los artistas y los críticos de arte.

 

Somos lo que decimos, lo que proyectamos. Y muchas veces las etiquetas no surgen de modo gratuito. En este sentido, soy feliz de no representar a ningún Gobierno, ni a ningún otro poder, sea real o ficticio. Si algún periodista cae en la tentación de ser (o parecer) un vocero oficial, tendrá que lidiar con tal imagen ante la audiencia. Es su derecho serlo (o parecerlo), pero resulta intolerable que pretenda imponerlo a los demás.

 

No son buenos tiempos para el periodismo, sobre todo en aquellos lugares donde cuesta encontrar variedad de enfoques y medios, tanto por intereses gubernamentales como privados. Pero resulta que la imprenta ya no tiene dueño.

 

Hoy las redes sociales revolucionan la opinión pública cada día. Todos tenemos algo que decir, y una gran mayoría logra comunicarse masivamente. La horizontalidad es la gran esperanza del periodismo. No hay gobierno ni empresa que detenga un “trending topic”