Cuando deseamos impresionar a alguien es importante recordar un famoso dicho: “la primera impresión es la que cuenta”.

Por lo general, la primera impresión está ya formada a los quince minutos de haber conocido a alguien. En ese corto periodo de tiempo, decidimos si nos agrada o desagrada la persona que tenemos enfrente y si queremos mantener o no algún tipo de relación con ella.

Esta primera impresión tiende a mantenerse a lo largo del tiempo y suele resultar difícil de cambiar, debido a que implica partir otra vez de cero. Es necesario reevaluar toda la información que tenemos de esa persona, admitir que nos hemos equivocado y llegar a nuevas conclusiones que nos obligarían a cambiar nuestro comportamiento y pensamiento acerca del otro.

Por tanto, es importante siempre proyectar lo mejor de nosotros mismos desde el primer instante, y permanecer siempre abiertos a lo que tienen por ofrecer los demás.

Los seres humanos tenemos múltiples facetas para mostrar. Podemos expresar tantas diferentes impresiones personales como deseemos, con sus distintas gamas y características. Es fundamental tener en cuenta cómo nos comportamos, y cuál la característica o cualidad que valoramos de nosotros mismos y deseamos reflejar desde el primer momento de un encuentro.

Durante ese primer contacto, todo lo que se dice y se actúa —con palabras y gestos— es valorado, analizado e interpretarlo por el otro. Nunca subestimes al otro y, en especial, a las personas calladas e introvertidas. Ellas son las más sensibles a todos tus movimientos. Por lo tanto, tienen más conciencia de lo que estás expresando. Por ello, siempre en una primera vez lo mejor es:

-Buscar una forma de comportarse y vestirse donde uno se sienta cómodo y confortable para resultar atractivo a la otra persona.

-Usar correctamente el lenguaje corporal.

-Prestar atención a cada detalle y estar atento a nuestro comportamiento.

-Ser un buen oyente.

-Mirar con atención y en forma sugestiva al otro.

-No perder ninguna oportunidad del encuentro, para que el otro sienta que estamos a gusto. Por ejemplo, el hombre, levantarse y acomodar la silla, cuando la mujer vuelva a la mesa, en caso de que ella se haya retirado, por algún motivo.

La clave del éxito está relacionada con aceptarse a uno mismo y transmitir una imagen positiva a los demás.

* Cortesía de Mabel Iam. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.