La columna “El escorpión y los instintos”, para mi satisfacción, suscitó comentarios muy interesantes. Es imposible hacer referencia a todos, pero sí te aseguro que leo y respeto todos los puntos de vista. También sería saludable que me envíen propuestas de temas y hacer de ismaelcala.com un sitio más interactivo, en el que todos seamos protagonistas.

Tras leer detenidamente los comentarios, tomo un fragmento del enviado por Heisler, así, sencillamente, Heisler. No es costumbre en este foro exigir la identificación completa de quienes opinan. Heisler subraya que “orar es una palabra que no escucharás mucho de los motivadores actuales”.

Esta afirmación me llevó a revisar un buen número de columnas, y es cierto. ¡Muy cierto lo que afirma Heisler!  He hablado de la necesidad de soñar para lograr el éxito, de cómo enfrentar las frustraciones y los fracasos, de reflexión, meditación, de virtudes humanas y divinas, pero nunca al poder de la oración.

El papa Francisco, en una homilía reciente, dejó bien sentado que “la oración hace milagros”. Por supuesto, hay que orar con fe, con la convicción profunda de que es la manera más expedita de comunicarnos con Dios. No importa la religión que profesemos.

Las visitas de Juan Pablo II a sinagogas judías y sus palabras en asambleas islámicas, confirman que Dios es uno, aunque cada cual le rinda culto a su manera, según tradiciones familiares, geográficas, culturales e históricas.

Para orar y comunicarse con Dios, no existen barreras idiomáticas, no se necesita asistir a una ceremonia religiosa y ni siquiera visitar un templo, una sinagoga o cualquier lugar sagrado. Podemos comunicarnos con Dios en cualquier lugar y momento. Solo, repito, necesitamos la fe, ser sinceros.

Dice un proverbio que “cuando el hombre obra, es él quien obra. Cuando reza, es Dios quien obra”. Si realizar nuestros objetivos en la vida es cumplir con los propósitos del Creador, nada mejor que mantener, a través de la oración, una comunicación cercana con él. ¡Nadie mejor para pedirle un consejo!

En “El escorpión y los instintos” afirmo que “la intuición o las corazonadas son una mezcla de instinto e inteligencia, surgen de repente, cuando menos las esperamos, sin necesidad de razonar”. No digo que esté errado, pero… ¿Hay algo más parecido a eso que un soplo divino? ¿Hasta dónde influye la mano de Dios en una corazonada? Heisler, a su manera, nos lo hace ver.

No piensen que abandono, en mi proyecto motivacional, a aquellos que no creen en un Dios. Todos tenemos derecho a pensar y a creer como estimemos conveniente; pero, aunque seamos ateos, la espiritualidad del ser humano está por encima de credos y filosofías.

Aquellos no creyentes que mediten, que traten de comunicarse con su espíritu, con su yo interno. ¡Y nunca descarten una corazonada!