Empezamos por Slow Food, luego vino el Slow Wine y ahora escuchamos Slow Meat. Un movimiento que reúne y apoya ganaderos, agricultores, carniceros y cocineros, con el propósito de promover el consumo de carne fresca y cocinada “slow”, lejos de la triste alternativa del fast food.

Cada vez más, la nueva generación está regresando a las tradiciones de nuestras abuelas y bisabuelas. No hay nada nuevo en eso, es literalmente comprar, cocinar, comer, en fin, vivir como se hacía 50-70 años atrás. De ahí surgen las tendencias de hoy que persiguen el consumo orgánico, GMO-free, lo sostenible, y lo heirloom o ancestral.

Cuando vi la primera campaña del slow meat en las redes sociales, me dije, “pero si esto era lo que se hacía en casa de chica, era la costumbre de mi madre y mi abuela”. Pero ahora tiene un nombre tentador: “meatless Monday”. Con esto, Slow Food nos sugiere un día sin carne, para poder balancear el presupuesto y así poder pagar por mejor calidad de carne el resto de la semana según lo hacían generaciones pasadas. Así mismo Slow Meat promueve nuevas alternativas de cocinar la carne, diferentes especies, razas y cortes para apoyar el ecosistema, salir de la rutina, comer más saludable y sabroso, mientras apoyamos el trabajo de los agricultores, la calidad de vida de los animales, las tradiciones culinarias y la vida y dignidad de las familias campesinas de las comunidades rurales. Soy una fiel seguidora de este movimiento, apóyalos en www.slowfood.com.

* Cortesía de Doreen Colondres La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.