Por ELI BRAVO, columnista invitado

¿Tomas tus decisiones de manera autónoma? De ser así estás en el camino del auténtico bienestar. Pero si tus decisiones dependen de otros, o están supeditadas a la aprobación de un grupo o poder superior, estás en un callejón limitante. Así llevarás tu vida siguiendo dictámenes ajenos que has asumido como propios; quizás violentando tus creencias.

El poder de decidir es el más grande que tenemos. Y actuar según los dictados de la consciencia no es solo un síntoma de independencia, sino también de madurez. Tener autodeterminación es clave para crecer.

Por el contrario, ceder nuestra autonomía y autodeterminación por ajustarnos a una ideología, religión, militancia o dependencia afectiva es señal de inmadurez. Nos resta poder y nos coloca en una posición vulnerable.

El psicólogo Walter Riso define la autodeterminación como la integración y puesta en marcha de tres necesidades básicas: Vinculación, o establecer relaciones interpersonales satisfactorias, asertivas y dignas. Competencia, o sentirse capaz de llevar adelante exitosamente las aspiraciones y metas individuales; y Autonomía, o gobernarse a uno mismo. Autonomía viene del griego autos (propio) y nomos (ley). “Graba este significado en tu mente”, escribe Walter Riso. “Autonomía significa la capacidad de regirse por las leyes que han sido dictadas por la propia consciencia. Es decir: emancipación e independencia emocional”.

O para llevarlo a una mezcla potable: pensar y actuar ante la realidad desde la libertad individual, en lugar de hacerlo desde los dictámenes del grupo.

Y permíteme darle otra vuelta a la tuerca. Prometo no ponerme demasiado intenso. Cuando hablo de individuo no me refiero a la persona aislada y egoísta que desconoce su entorno. Me refiero al ser humano que ha logrado la individuación (en el sentido que le da Carl Jung), que no es otra cosa que conocer nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable. Llegar a ser uno mismo.

Este proceso de autodescubrimiento y autorrealización nos permite vivir a todo nuestro potencial comprendiendo más allá de nuestro mero Yo, para incluir a los otros. ¿Para dónde voy? A que el individuo libre y autónomo hace su camino en conexión con el entorno sin supeditarse o someterse. Es libre, pero no irresponsable. Tiene autodeterminación, pero no da la espalda al mundo. Es independiente, pero sabe que a la vez estamos interconectados.

Sirvan todas las vueltas anteriores para abrir la nuez de esta columna: Tú eres quien se hace a sí mismo y nadie puede decirte cómo pensar. Desde el presidente hasta tus padres, pasando por maestros o amigos, nadie tiene el poder de forzarte a llevar una vida que no esté alienada con tu consciencia… A menos que renuncies a tu autonomía y les concedas ese poder.

Cuando entregamos nuestra autonomía para calzar en dogmas o militancias estamos comprando el argumento de que “eres libre para hacer lo que te permitamos”. Si te sales del corral eres un hereje, un paria, un traidor.

¡Bonita manera de ponerle barreras al potencial humano! Con un discurso de liberación son muchos los líderes y grupos de poder que han sometido a millones de seres humanos. Una contradicción que se resulta invisible a los seguidores bombardeados por la propaganda.

¿Exagero? Mira a tu alrededor. Obsérvate a ti mismo. Toma consciencia de la forma como interpretas el mundo y tomas tus decisiones. Siempre estás a tiempo de alcanzar una verdadera independencia. La que defines de forma autónoma y no dentro de las filas de una iglesia, un partido político o un grupo.

* Cortesía de inspirulina.com. La opinión de los columnistas invitados no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.