Una vez leí una frase que decía algo así: “La vida es benévola”.  Y me puse a pensar inmediatamente en los cientos de miles de veces que a lo largo de mi vida he escuchado y dicho la frase contraria: “La vida es difícil”.

Por supuesto que desfilaron ante mí millones de imágenes de quienes las dijeron o en los momentos en que yo misma la dije: “Me despidieron del trabajo, soy madre soltera y acaba de morir mi mamá, la vida es difícil” ,“Acabo de descubrir que mi esposa está con alguien más y ahora quiere quitarme a mis hijos la vida es difícil”, “tengo un hijo enfermo que jamás va a caminar la vida es difícil” y así mil historias más, menos complejas. Al fin y al cabo cada quien encuentra sus propias dificultades en lo que está viviendo. Cada uno tiene la medida de lo que llamamos “dificultad”.

Se imaginarán cuánto me ha costado quitarme de la mente la idea de “la vida es difícil” cuando vamos comprobando por el mundo y a través de nuestra vida y las experiencias de otros, lo complicado que parece vivir, lo duro que hay que luchar para salir adelante y no digamos para construirnos la vida que queremos.

Pero hoy les quiero compartir algo diferente y que me ha cambiado la perspectiva de la vida, no sólo la mía, sino de la vida en general. ¿Por qué comparto que la vida es benévola? He entendido y compruebo también que todos nosotros amigos, solemos vivir más en nuestros pensamientos que en nuestra realidad, cierto?   Les pongo un ejemplo. Mientras van rumbo a su trabajo y digamos que se tardan media hora para llegar a él ¿en dónde están en esa media hora? ¿repasando lo que vendrá en el día? ¿pensando en el enojo que tuvimos ayer? ¿dónde estamos? ¡Estamos en un carro o en el bus o en el metro o a pie! Y lo que menos vivimos es el camino, donde seguramente pasamos al menos algo que nos hubiera hecho sonreír y vivir nuestro momento. ¿Verdad que así pasa?

Me encanta la sabiduría que Byron Katie comparte en sus libros y ella dice: “La realidad siempre es más benévola que nuestros pensamientos” ¡qué cierto! La realidad ¡pasa una sola vez!   ¿Alguien te insultó? ¿Cuánto pudo haber durado eso? ¿30 segundos?   Y cuánto tiempo te quedas tú recordando el insulto e insultando de vuelta…

¿Te chocaron el automóvil? ¿Cuántas veces? ¿Una? Y ¿cuántas veces te lo vas a vivir con rencor, con odio, con enojo? Ese mismo día tal vez unas 8. Las próximas semanas unas 30 más. Y los siguientes meses… ¡ufff! La historia de no acabar.

No estoy diciendo amigos, que ya no pasaremos por dolores, por enojos, por frustraciones. No estoy negando que en la vida nos tocará pasar por momentos difíciles, pero me parece mucho más sano vivir todas estas cosas las veces que sean necesarias y según la vida (la real) en muchas ocasiones una vez ¡es suficiente!

¿Has dicho “la vida me trata mal”? qué tal si en esos momentos en que lo dices o lo piensas, recuerdas lo que hoy hemos platicado y te dices a ti mismo: “Yo me trato mal, cuando tengo estos pensamientos que solo hacen evocar rencor, odio, frustración, tristeza, amargura, etc.”

Amigos, les invito a que cada vez que pensemos que la vida es dura, que es peligrosa, que la realidad es difícil, regalémonos el pensamiento de “La vida es benévola” ¿qué pensamientos me estoy dando para vivir esta vida benévola como una pesadilla? Y a lo mejor esta posición, más generosa con nosotros mismos, nos ayudará a ver salidas y opciones que con pensamientos que nos ofuscan no podremos ver, seguramente nos daremos cuenta que vivimos castigándonos en nuestra mente, que vivimos sufriendo en nuestra mente, que vivimos odiando en nuestra mente, que vivimos matando, enfermado y juzgando en nuestra mente, ¡que vivimos con enormes discapacidades en nuestra mente!   Y que todo lo que hay que hacer es ser conscientes que nuestros pensamientos no son la realidad, porque la realidad ¡es más benévola!

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.