A la memoria de Paul Walker

¿No te ha sucedido que te planificas en torno a un año, quizás cinco, pero en el transcurso de un mes, o probablemente en una semana o 24 horas, el rumbo de ese barco llamado vida cambia totalmente?

Como aquel estudiante que desde sus años de infancia se ve en la misma ciudad y en su mismo entorno, muchas veces con el pesimismo de continuar bajo el mismo horizonte para siempre, pero que el barco de su vida toma la ola precisa para impulsarse de manera contundente, para terminar siendo un ciudadano del mundo.

O aquella chica que imaginó su vida con un príncipe azul, y que lo que pensaba un golpe bajo por una decepción amorosa, la hizo abrir los ojos, tomar fuerza y desplegar las alas hacia la independencia en una vida exitosa y plena. Esos cambios de rumbo bruscos, que a veces duelen, son los que nos recuerdan que la vida es en este instante, sin futuro determinado a largo plazo.

Cuántas veces añoramos el momento en que al fin podamos cumplir nuestros sueños y las condiciones que supuestamente requerimos para ser felices. Y mientras estas llegan, sufrimos, nos quejamos y lamentamos casi todo el tiempo.

¿Alguna vez has reflexionado sobre lo maravilloso que es estar vivo en este instante? ¡La mejor parte de tu vida esta ocurriendo ahora! Este momento es único e irrepetible, no se volverá a presentar de la misma manera, así que vale la pena disfrutar y atender al máximo este instante, que puede trasformar completamente el resto de tu vida. Muchas personas han vivido pendientes de todo lo bueno que les espera en el futuro, perdiéndose la oportunidad de vivir el ahora.

Aprendí a despejar la bruma de mis temores y de los viejos prejuicios adquiridos, que muchas veces se convierten en la causa que no deja definir lo realmente importante en este momento de mi vida. Después de mucho tiempo, logré comprender que la felicidad depende de mí, y por esa razón está en mis manos tomar las riendas en el camino, aligerar las cargas y generar un viaje placentero, sin las mortificaciones de lo que aún no ha sucedido, sino con la gratitud de mirar al frente y ver el preciado regalo que tengo por delante.

Las ironías nos toman a cientos de kilómetros por hora, como lamentablemente sucedió al recordado Paul Walker, quien no pudo cumplir la última escena del largometraje de su vida. Esta película en la que no hay chances de parar y repetir, sino que lleva un plano ininterrumpido.

Distintos pueden ser los escenarios de este viaje. A lo mejor llevamos muchos pasajeros, o quizás un copiloto al lado; pero si te tocara andar solo frente al volante, llévalo de la misma manera, a una velocidad prudente, porque eso que llaman destino no es para los que más rápido van, sino para los que saben llegar.