Mis hijos y yo planeamos celebrar el Día de los padres de una manera muy especial para mi esposo. El día empezó con una visita a la playa. Llevamos nuestra merienda. Unos deliciosos burritos, sandía, piña, bananas y agua. Definitivamente no pasaríamos hambre. Era una mañana maravillosa, el clima en la playa estaba mucho más fresco que el área donde vivimos. La brisa del mar nos daba la bienvenida a unos momentos de relajación y gratos momentos en familia. Fuimos a aquella playa porque nos permiten llevar a nuestras mascotas. Jack and Jill, nuestros perritos, quienes son parte de nuestra familia.

Es un lugar concurrido por familias, quienes disfrutan de llevar a sus perritos para disfrutar el día con ellos. Luego de comer y conversar un poco mis hijos se fueron a correr en la orilla del mar acompañados de sus perritos. En su ausencia mi esposo y yo, nos quedamos conversando, observando el hermoso paisaje del mar y a las familias disfrutando de un tiempo familiar. En medio de esta observación mi atención fue dirigida a un grupo de tres niñas quienes jugaban a una distancia cercana de nosotros.

Cada niña pertenecía a un grupo familiar distinto. Me di cuenta de esto porque las mamás tenían sus toallas y pertenencias en lugares distintos. Cada niña tenía puesta su ropa de baño, cada una tenía diferentes juguetes para jugar en la arena. Pero más importante aún: cada una de ellas tenía un objetivo en mente, el de lograr construir un castillo de arena. Estimo que ninguna de las niñas tendría más de cinco añitos y las lecciones que me dejaron de recuerdo las llevaré siempre conmigo.

¿Alguna vez has tratado de lograr un objetivo, pero aunque has tratado y tratado de alcanzarlo te das por vencido? No estás solo. La mayoría de nosotros abandona sus resoluciones de año nuevo y terminamos cansados y frustrados. Un estudio de la Universidad de Scranton sugiere que sólo el 8% de nosotros realmente logra nuestras resoluciones de año nuevo.

Ellas me recordaron que cada uno de nosotros tenemos el poder de cumplir con nuestros objetivos tomando los siguientes tres pasos.

  • Enfocándonos:

Enfocándonos sin dejar que ningún objeto brillante nos distraiga de llegar a nuestro objetivo. Mientras que las niñas jugaban, las personas que más demostraban el no estar confortables con la situación eran sus mamás. Las mamis trataban de llamarlas de regreso a su grupo. Una le ofrecía ir a jugar con otra niña en su grupo, otra le ofrecía fruta, una incluso le daba unos caramelos. Ninguna de estas preciosas niñas aceptó ningún soborno que las distrajera de cumplir su objetivo. En sus acciones podía yo ver la determinación que las ayudaba a enfocarse en terminar su obra maestra. Podemos usar esta lección para siempre recordarnos que cuando tenemos un objetivo en mira, debemos enfocarnos lo suficiente para no dejar que ningún objeto brillante nos quite la mirada del camino planeado para cumplir con nuestro objetivo.

  • Trabajar en equipo:

El trabajar en equipo produce resultados imposibles de alcanzar cuando tratamos de hacerlo por nosotros mismos. ¿Cuántas veces tú y yo por escuchar y obedecer la voz de nuestro ego hemos rechazado la idea de trabajar en equipo? Te puedo decir que en mi caso han sido muchas. Te cuento que, aunque cada niña tenía sus propios juguetes, en ningún momento observé un acto de egoísmo de su parte. Prueba de que sus padres estaban haciendo un gran trabajo en su hogar al enseñarles a compartir desde temprana edad (ese tema lo dejo para otra ocasión).

Era tan lindo ver cómo una ponía arena en su contenedor que le daría forma al castillo. Cada una de ellas cooperaba con la otra. Al llenar el contenedor entonces lo vaciaban, para poco a poco darle forma a su obra de arte. En menos de 15 minutos el trabajo en equipo ya había logrado darle una forma visible a su castillo. Cuando de repente sucedió algo que me hizo querer con todas mis fuerzas levantarme de mi silla. No lo hice porque tres madres angustiadas y otras personas acudieron al rescate. ¿Te acuerdas que te conté que es una playa para que también la disfruten los perritos? Fue uno de esos perritos juguetones a quien se le ocurrió acercase a las niñas para tal vez jugar con ellas. El perrito juguetón no se dio cuenta que al buscar atención estaba pisoteando todo el esfuerzo depositado por las niñas en cumplir su producción artística. Una de las niñas empezó a llorar y las otras la consolaron. Todas las mamás y el dueño del perro inmediatamente trataron de tranquilizarlas.

  • Si se derrumba una y otra vez, empiezas de nuevo hasta que lo logres:

Empezar de nuevo después de un derrumbe no es nada fácil. Aunque fue algo triste para ellas, observé que casi inmediatamente empezaron a llenar sus juguetes nuevamente de arena y siguieron juntas trabajando en equipo. La niña que todavía tenía lágrimas en sus ojos, como que le costaba un poquito más llenar su juguete. Lo llenaba poquito a poquito y cuando lo volteó se notaba que no tenía la forma completa. Por ese motivo era necesario aplanar la arena y volver a llenar el contenedor completamente para darle la forma necesaria a la que llegaría a ser parte del castillo. Al ver que esto era necesario, no la vi llorar, al contrario, la vi tranquila y segura. Pienso que por sentir que tenía buenas compañeras de equipo, quienes la ayudaban incluso más que antes. Aunque las diferentes partes del castillo sufrieron un derrumbe en el proceso, cada niña dio lo mejor de sí para cumplir con su objetivo de finalmente tener su castillo.

Terminó siendo un castillo hermoso, no solamente en apariencia, pero por lo que significa que ellas hayan logrado llegar a cumplir con su objetivo, después de experimentar tropiezos en el camino. O tal vez, para mí en lo personal, porque es un recuerdo de vida de lo que se puede lograr cuando nos enfocamos, trabajamos en equipo, y cuando aprendemos a caernos y levantarnos para seguir luchando.

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.