Las ideas se transforman en el tiempo, los conceptos que nos constituyen como sociedades, organizaciones, empresas, familias, van cambiando en función de las convenciones sociales que va creando cada generación. En este sentido, el liderazgo termina siendo un concepto y el líder un personaje que no puede existir sin sus seguidores, de forma jerárquica, de unos que están por encima de otros.

Las generaciones evolucionan y albergan dentro de sí nuevas formas de mirarse, funcionar y convivir. La capacidad y cantidad de interacción que se da hoy es infinitamente mayor que hace algunos años, no solamente en velocidad y tiempo sino en cantidad de veces por segundo. Las personas se conectan cada día muchísimo más, a través de diferentes medios y diferentes lugares al mismo tiempo, compartiendo no sólo ideas propias sino de otros. La interacción se convierte en algo más complejo e integral.

Entonces, el concepto de un liderazgo que requiere ciertas circunstancias y momentos, termina siendo obsoleto. Cuando preguntamos si alguien es líder, pensamos y construimos abstracciones para saber si esta persona lidera o es seguidor, pero no sabemos a ciencia cierta si lo es o cuándo deja de serlo. Nosotros creemos en una nueva idea que está surgiendo de manera más humana, horizontal, democrática e interactiva: la influencia.

No hay duda que todo es y genera influencia, todo produce un impacto, todo está conectado. Cada uno de nosotros influencia en otro. Por lo tanto, no preguntaremos si una persona influencia o no, lo sabemos de inmediato porque es intuitivo, se vive, a diferencia del liderazgo que se piensa y demuestra.

En muy poco tiempo ya nadie se preguntará quién es o cómo ser líder, sino cómo influenciar de mejor manera, con mayor efectividad y con qué intención. Nadie estará por encima de otro, porque cada persona podrá influenciar en algo a otra, y viceversa, potenciando nuestras fortalezas en colectivo. Como decía Einstein: “todos somos ignorantes, pero de distintas cosas”.

Ante esta nueva idea podemos preguntarnos: ¿Con cuánta consciencia, intención y en qué sentido influenciamos?

Para ello, hemos desarrollado herramientas como el “Mapa de influencias”, donde las organizaciones podrán saber cuál es la persona que más influencia dentro del equipo y en la cual pueden invertir, qué cualidades fortalecer y en qué sentido influye en otros. Ahora los indicadores y mediciones serán de influencias, las subdivisiones serán competencias no para liderar, sino cómo influenciar, sabiendo que el tema no es ser protagonista sino equipo, construir en colectivo cosas más grades que tú.

Pronto dejaremos de escuchar y hablar de liderazgo y empezaremos a comprender que desde la capacidad de cada uno podemos aportar en un espacio, contexto y entorno. Le damos la bienvenida al concepto de influencia y esperamos que se implemente de manera amplia en la vida de cada uno y en las organizaciones que deseen impactar de manera más efectiva, eficiente y sustentable, teniendo la capacidad de cambiar el mundo comenzando con su mundo.

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.